Entró en clase como si su maletín lo remolcara, precipitándolo hacia la mesa.Se presentó.Se llamaba Ramón.Joven, delgado, menudo en general, de ojos vivos y gesto inquieto. Mi mente hizo cálculos aproximados y en mi ignorancia adolescente empecé a preguntarme qué clase de genio tenia delante que estaba dándome clases con tan sólo diez años más que yo. Historia de Cataluña,Inglés y Ética, esas eran las materias que nos impartiría. No me equivoqué en cuanto a la edad: tenía 26 años. Rápidamente supe que iba a ser mi profesor favorito. Su forma de hablar, tan cercana a nosotros, tan colega , no reñía en absoluto con su firmeza a la hora de imponerse, las pocas veces que le obligamos a ello.Y no lo hicimos porque era inevitable respetarle,porque él nos respetaba.Y eso se nota mucho cuando tienes 16 años y estás acostumbrado a que nadie te respete precisamente por tu edad. Tampoco me equivoqué en cuanto a que era un genio. Era el hombre más culto que he conocido tras mi padre,el más divertido hasta que conocí a mi marido, el más educado y respetuoso.
Yo venía de un colegio del que no guardo un buen recuerdo;un colegio con un equipo docente de larga trayectoria y experiencia con una asimismo larga lista de éxitos. Venía con un bagaje de notas pésimas, de drama familiar y de soledad adolescente.Venía de escuchar día sí y día también que era una chica inteligente y lista, y que por eso no entendían por qué había suspendido tantas asignaturas y tenía problemas de comportamiento.Problemas de comportamiento,ya.
Ramón me caló en seguida. Y tan pronto me caló, me puso en la dirección correcta. Debo admitir que su trabajo conmigo fue en equipo con Isabel, mi fantástica profesora de latín y griego,y con Cristina, la profesora de Literatura más cojonuda que he tenido nunca. Aquél año murió mi padre. Saqué 3 sobresalientes y el resto notables. Aquél año fue el único de mi vida estudiantil del que me siento orgullosa y en el que realmente aprendí mucho más que historia,inglés,latín o literatura; aprendí a respetarme y por fin encontré a personas que confiaron de verdad en mi.Mis profesores.Mi profesor.
Reencuentro
Hacía 20 años que no sabía nada de Ramón.Le busqué y me puse en contacto.Su madre me informó de que Ramón tiene EM. Tras un año de ese primer contacto y el disgusto ante la noticia, por fin encontré tiempo y reuní valor para ir a ver a mi profesor favorito.El sábado, a las 13h llegué a su casa.
Ramón vive en su casa de siempre, pero sus padres se fueron a vivir con él cuando la enfermedad empezó a hacer estragos. Su padre tiene 85 años y su madre pocos menos; le baña,le cuida,le hace reir. Hace tres meses que Ramón no puede hablar.El lado derecho del cuerpo lo tiene paralizado;su columna sobresale de su espalda por los años de inactividad, por lo que le han tenido que hacer una silla nueva que le aguante derecho. Su madre, una mujer maravillosa, me cuenta lo mal que lo ha pasado y lo pasa, lo mucho que se ha cobrado esta enfermedad del ánimo y salud de la familia,lo mucho que ha cambiado su hijo.Ramón entiende perfectamente lo que le digo.Me recuerda bien.Aún ahora, mientras escribo, no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas al recordar su expresión cuando me ve tras 20 años, su risa alegre, llena de vida cuando le cuento en plan pescatera chistes verdes. Su madre le pregunta “Ramón,¿quieres morir?” y él niega con la cabeza,rotundo, con su energía de antaño. Lo llevo bien. Lo llevo bastante bien hasta que su madre me enseña su casa, me explica cómo le ha tratado la gente que supuestamente estaba ahí para amarle.Lo llevo como puedo hasta que veo una foto de Ramón cuando me daba clase a mi.
Cómo definirlo
Cuando salí de su casa, bajo la promesa de regresar pronto,me desahogué en plena calle.Lloré. Repasé las escenas que viví en esa casa en poco tiempo y sólo encontré una palabra adecuada para definirlo: coraje. El coraje de unos padres entregados a su hijo por completo,el coraje de un hombre que desde los 26 años le plantó cara a una enfermedad mortal,degenerativa y cruel que le ha consumido y le sigue consumiendo y que insiste en vivir aunque lo mejor de su vida sea que le saquen a dar un paseo y merendar fuera. Eso es coraje.Se sigue emocionando con lo que le apasiona aunque ya no pueda llorar.Sigue enamorado de los libros, de su olor y su tacto, de esas palabras que ya no puede leer.Sigue fiel a sus principios.Sigue detestando a la iglesia … y le hace mucha gracia que llamen madre coraje a Belén Esteban.
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Joder, ya lo siento guapa. Que putada. Ya me traduciras lo de la em. Entiendo que debe ser algo parecido al ELA. Es una putada pero siempre suelen sucederle estas desgracias a la mejor gente y luego hay algun hijoputa que dice que dios existe o que confiemos en el señor. Manda cojones¡¡¡ Besitos guapa