Interpretaciones dignas de aborto

En un ambiente social cercano a la catástrofe donde la ética y la moral son los nuevos sinónimos de reliquia y puritanismo, me sorprende que nos centremos en una subtrama cuando el problema de fondo ha alcanzado y ahace tiempo la plena madurez. Me refiero a la modificación de la ley del aborto, y , por lo  visto y leído,a su más discutida novedad:la reserva en exclusiva del derecho a abortar en manos  de las adolescentes de 16 años.

Y me sorprende porque desde hace años, la involución de la adolescencia de este país ha pasado de preocupante a alarmante por su ridículo nivel cultural, su ignorancia de la buena educación,su desprecio por sus padres y educadores y tantas otras cosas. Claro que los hay que me contradicen afirmando que la juventud de hoy día es mejor que la de épocas anteriores, y no les discuto que haya excepciones, pero desgraciadamente son las menos. Soy de las que cree que los de mi generación estábamos perdidos pero éramos conscientes de ello y los de ahora ni lo son ni les importa.

Respecto al tema que nos ocupa, me parece ridículo que nos centremos  en la aparente exclusión de los padres de la decisión final de la niña ( porque no nos engañemos, con 16 años somos niñas). Lo que es para mi  de alarma estatal, es que hayamos llegado al punto de encontrar natural que una hija nuestra tenga que abortar con 16 años. Exceptuando casos graves,como la violación, si nuestra hija nos llega embarazada con 16 años no es que tengamos un problema en ese momento,es que llevávamos mucho tiempo con el problema en casa. Claro que no todo depende de la educación que les damos a nuestros hijos, puesto que una vez cruzan la puerta, es herculiano competir con la abalancha de criterios adolescentes de los que se rodean, criterios fruto de la propia volatilidad de esas edades que desgraciadamente se nutren de un malentendimiento de televisiones, revistillas de tres al cuarto y otras zarandajas, sin olvidar su profundo desconocimiento de la vida. Pero no ganar la batalla no significa abandonar la guerra. Si queremos ser padres, debemos aceptar de antemano que esa tarea va a ser la más dura de nuestra vida y que no acabará ni con la aparición de nuestros nietos.

El hecho de que nuestras hijas puedan tomar la decisión final de abortar no implica la abstención por ley de que los padres hablemos con ellas, las apoyemos en esa decisión o no lo hagamos. Es una ley más. Si esa ley impide que niñas para nada preparadas para pasar por un embarazo y menos para ser madres puedan huir de las decisiones mal tomadas por padres enchovados en religiones arcáicas creadas por machistas de hace miles de años, hay que apoyarla. No hay más.No se está eliminando un derecho de los padres;se está imponiendo una obligación a aquellos padres que en vez de hablar con sus hijas, se van a tomar una copa para quejarse de la edad del pavo de sus cachorros.

En definitiva, hay que enseñar a nuestras hijas a tomar muchas decisiones antes de ésta pero llegado el momento siempre siempre nos queda el diálogo.Lo que yo quiero es una ley que obligue a los padres a ser padres.

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