Cuando era pequeña no me costó nada aprender a leer. No me costó nada una vez mi padre se dió cuenta de que me costaba y se puso manos a la obra. Tuve una profesora que era proclive a los gritos y burlas en caso de error y fueron mis padres los que se dedicaron a enseñarme entre su regreso del trabajo y la hora de la cena.
Empecé la EGB. Ya no tenía problemas con las letras pero sí los tuve con los números. En aquellos años la vara ya no era parte integrante de la educación, pero las burlas y menosprecios del profesorado eran corrientes. Me azotaron más veces de las que quiero recordar;jugaban con mi apellido,hacían rimas crueles con mi nombre,incluso llegaron a meterse con mis padres. Cuando regresaba a casa, mi padre, de nuevo y mientras su absorvente trabajo se lo permitió, me echaba un cable.Muchas fueron las reuniones con la directora para averiguar porqué su hija iba tan retrasada en algunas materias y ninguna la respuesta,excepto que yo era lenta y con demasiada imaginación.
Cerca de finalizar de 8º, mi padre tuvo que hablar con mi profesor de física y matemáticas para que me repitiera los exámenes, cuyo suspenso me impedía acceder a una enseñanza (creía) de mayor calidad. Me dejaron repetirlos y fue el trabajo de mi padre conmigo durante todo el verano lo que me permitió superarlos y acceder al que debía ser mi mejor colegio.
Pues no.
A mi adolescencia rebelde se sumó la sensación de abandono por parte de los profesores, quienes, todo hay que decirlo, se subían a un podio al que no se nos permitía acceder en pos de respuestas.Tú apréndete la lección y aprobarás;si no lo entiendes es porque no has estudiado y porque no estás en el colegio que deberías estar. Me harté de oir eso y me rebelé aún más.Mi padre, enfermo por aquél entonces, ya no podía ayudarme.
Me echaron.
Me lo busqué en parte,cierto.
Entonces recalé en un instituto en el que, de pronto,ya no era una jovencita rebelde,lenta y demasiado preguntona.Bueno, rebelde y muy preguntona sí, pero unas notas excelentes avalaban mi capacidad y disposición para aprender. Duraron poco esos resultados porque con la pérdida de mi padre perdí también el norte.Pero en esos dos años que estudié con profesores de verdad, gente que disfrutaba enseñando,que te respondía preguntas y te alentaba para que imaginaras más,gente que no te menospreciaba cuando no entendías ni papa de una fórmula, descubrí algunas cosas.
Descubrí que el sistema no les dejaba respirar. Ellos querían enseñar de otra manera, querían ampliar algunas materias y despreciaban abiertamente la imposición de otras,deseaban poder aplicar nuevos modelos de enseñanza que no podían ni plantear ante una Junta, para mejorar los resultados de sus alumnos.Estaban dedicados a nosotros y la mayoría respondíamos bien a esa dedicación.Todo esto lo sé porque hablaba con ellos,pero lo vi más claro hablando con mi profesora de filosofía, que estaba desesperada ante el menosprecio y mala acogida de su asignatura por parte tanto del alumnado como del sistema. En una ocasión en la que le recriminé que no enseñaba la materia,que se limitaba a darnos datos y citas,me explicó lo que había. Recuerdo que me dijo ( y resumo) tú eres de las pocas a quienes les gusta la filosofía, pero a la mayoría de tus compañeros les da igual.Deberás espavilarte en entenderla por ti misma, porque el colegio no me deja enseñarla en condiciones.Hay un programa que cumplir. Revelador,¿eh?
En cualquiera de los casos, mis padres me decían ” tú haz caso de los profesores”, pero sin el apoyo y enseñanzas de mi padre, no me habría servido para nada hacer caso de los profesores, no de la mayoría.
Hoy discutimos acerca de la baja calidad de la enseñanza en nuestro país. Acusamos al gobierno, acusamos a los profesores, a los padres,y por supuesto, a los alumnos.Acusar se nos da bien. Pero bajo mi punto de vista el problema lo que ha hecho es crecer, no nacer. Si en mi época estudiantil los padres tenían poco tiempo, en la de ahora es un milagro que dispongan de él y el estrés que acumulan día tras día no ayuda.Ese estrés llega a casa por la noche y se acomoda en el ambiente.Pasa a todos los miembros de la unidad familiar y marca silenciosamente fronteras que con el tiempo se hacen infranqueables.Los hijos se creen incomprendidos y piden ayuda fuera-si la piden-, una ayuda que acaba llegando de otros hijos que también buscan fuera.Pero , ¿quién hace que los padres vivan ahogados? Un sistema que exige todas las fuerzas y recursos personales, a veces en silencio, a veces con estruendos de más de 40 horas semanales mientras publicita la conciliación laboral-familiar. ¿Y los profesores? Los profesores acaban comiéndose la mierda de todos y no sé por qué se nos olvida que son también humanos con familia, y además juegan un papel vital en la formación de quienes nos gobernarán el día de mañana. Deberíamos cuidarlos y escucharlos y ahora lo que se lleva es increparlos y vilipendiarlos. La agresividad social en la que vivimos se concentra en muchos sitios, pero donde más nos perjudica es en los colegios. Como en todo, siempre habrá profesores estupendos,profesores buenos y profesores mediocres, al igual que hay buenos padres y también existen los buenos alumnos ( lo que no he encontrado aún es un buen político tras Roca).Pero la culpa que tanto insistimos en señalar es de todos nosotros.
Al margen de mi opinión, he seleccionado un par de preguntas extraídas de la reciente entrevista de la Vanguardia al psiquiatra Augusto Cury con motivo de su nuevo libro ‘Hijos brillantes, alumnos fascinantes’ :
En la deserción inicial nos viene a decir algo así como que los jóvenes de hoy en día lo quieren todo rápido y fácil, y no luchan por sus ideales. ¿Dónde está la luz del final del túnel?
Pienso que hemos querido proteger a nuestros hijos con una vida fácil, rápida, dándoles todo al momento y privándolos de la capacidad de cuestionar, de no conformarse con el sistema. Los jóvenes de hoy no se contraponen al sistema porque han sido contaminados con el veneno del consumismo. Son consumidores de productos de servicios, no consumidores de ideas. Tenemos que estimular las funciones básicas de su inteligencia en un doble ámbito: el teatro de nuestra casa y en el teatro de las aulas. Así lograremos rescatar el placer por vivir, la conciencia crítica, el pensamiento imaginativo y estos jóvenes se tornarán pensadores y no repetidores de ideas.
¿En qué momento educativo nos perdimos? Hemos pasado de la disciplina a la sobreprotección en pocas generaciones….
-En muchos puntos importantes. Es una sociedad que lo quiere todo rápido y pronto, es un fast food intelectual y emocional. En segundo lugar hay un exceso de información en la sociedad moderna, especialmente provinente de televisión y de internet. Esa información es registrada en el córtex cerebral estimulando la virtud de la memoria y la construcción del pensamiento a una velocidad nunca antes vista. Esto ha provocado una ansiedad colectiva y consecuentemente, una insatisfacción continua hacia la industria del entretenimiento. Otro punto importante es la manera cómo los profesores transmiten las informaciones en las aulas. No estimulan el arte de la duda, solo transmiten las informaciones sin expresar el rostro del conocimiento. De esta forma los alumnos se convierten en una platea de espectadores pasivos, tanto los niños, como los adolescentes o los universitarios.
Para quien quiera leerla entera, éste es el link.
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Los niños de hoy en día aprenden más de la tele, internet y de los amigos, que de quiénes realmente deberían: padres y profesores.
Estoy de acuerdo con Augusto Cury en que están demasiado sobreprotegidos y con la idea de facilitarles todo, luego no saben cómo poder afrontar las situaciones que la vida les plantea, ni encontrar la satisfacción del logro conseguido.
Por otra parte, al no tener un control sobre la información que les llega, además de no enseñarles (no hay tiempo, ¡buf!) a que tengan capacidad de discernir qué es lo que les llega, la información se los acaba comiendo.
Lo importante es que “piensen”, cosa que, realmente, en casi ningún sitio se les enseña. Debería existir una asignatura que les desafiara para que puedieran explotar el músculo mental y no dedicarse a repetir como loros lo que aprehenden. No utilizo aprenden porque me parece una palabra demasiado “grande” para explicar qué hacen. Sólo recogen y luego sueltan. Se convierten en transportitstas de información, cómo si ésta fuera sólo una materia peligrosa que no pueden ver.
Afortunadamente yo tuve unos profesores estupendos, no todos, pero si una gran mayoria. Fueron de esos profesores que te empujan a pensar, a hacerte preguntas, a dudar. Supieron ver en mi cualidades y a potenciarlas. Uno se empeñó en putearme porque sabía que era la única manera de hacer que saltase, es decir, me chinchaba diciendome que no era capaz de algo porque sabía que esa era la única manera de que lo hiciese. Siempre me decía que me tenía que dedicar a algo que tuviese que ver con la escritura, ya ves¡¡ Lo cierto es que despertaron en mi el amor por la literatura, por la historia, por conocer. Potenciaron algo innato pero que necesitaba ser potenciado: la curiosidad.
Mi madre apenas ha estudiado, asi que la pobre se quedó pronto a años luz de lo que yo aprendía, pero tuvo la paciencia del santo Job y consiguió que leyese a los 4 años. Creo que gracias a eso hoy amo tanto los libros y la literatura. Igual me pasó con la música y el cine. Mi madre devoraba las pelis y en casa siempre había buena música, de todo tipo.
Creo que has dado en el clavo.- Ahora los padres no tienen tiempo y tampoco se esfuerzan demasiado. Suplen su labor con regalos. Creo que es erronea esa política de darle a tus hijos todo lo que tu no has tenido, creyendo que, por darle todos los caprichos y comodidades, será más feliz. Yo no lo creo. Creo que ese niño aprende que todo es fácil, que nada cuesta, y que tiene derecho a cualquier capricho por el simple hecho de pedirlo.
A menudo escucho a padres quejarse de lo caprichosos y poco responsables que son sus hijos pero son el producto de lo que ellos han hecho. Les han dado de todo y ahora no se esfuerzan para conseguir nada.
Estamos en la época del consumismo, de lo fácil. Ahora tendemos a no pensar, para qué? Ya lo has visto en los foros. Para que voy a pensar en cosas desagradables, mejor me pongo a ver la tele y empano más mi cerebro. Ese es el mensaje que se les da ahora desde casa a los hijos. No hay convivencia, no hay diálogo. Y luego dicen que son los profesores los que tienen que educar. Creo que el problema empieza en la educación en casa. Si tu formas a tus hijos dentro del diálogo, dentro de unos valores, si les potencias, si les invitas a pensar, si les empujas a ganarse las cosas con esfuerzo, si les marcas unas pautas, la labor de los profesores será más fácil.
Luego está el sistema educativo que está anquilosado en el pasado. La pasividad de un colectivo que se ve cada vez más amenazado y con menos medios. Un colectivo que no se recicla. Que se acomoda en soltar la lección y no se molesta en despertar en sus alumnos un mínimo de interés.
Lo triste de este tema es que unos echan la culpa a los otros, cuando todos tenemos parte de culpa. Tu ya sabes mis opiniones al respecto. Los padres no solo tenemos la obligación de criar, alimentar y vestir a nuestros hijos, no solo velar por su integridad física, sino la psiquica y cuando digo esto me refiero a que tenemos la obligación de educar y formar a personas con unos valores y unos principios.
Besitos guapa
La diferencia entre el ayer y el hoy la dices tu misma. Tus padres, a pesar de todo y a pesar de ver que se estaban equivocando contigo, te decían: haz caso a los profesores.
No iban a cuestionar su autoridad.
Creo que tiene que haber un término medio y lucho para encontrarlo. Aunque te juro que no es fácil.
También leí esa entrevista en la contra. Y a cada respuesta, iba asintiendo. ¿Seremos capaces de ponerlo en práctica?
En una reunión que tuve en el colegio de mi hija el lunes (tiene 3 años), nos dieron una serie de “consejos” y en negrita y letra más grande nos marcaron: LA DISCIPLINA ES NECESARIA.
Y no pude evitar pensar que era muy triste que nos lo tuvieran que explicar.
En fin.