Hay días que pasan sin pena ni gloria. Yo tengo muchos de esos pero, algunos en particular, resultan aniquiladores. Son esos días en los que estoy abajo de la montaña rusa que es mi cerebro. Por que mis estados de ánimo son como una montaña rusa. Empiezo a asimilarlo y a aceptarlo. Soy así y no voy a cambiar. Forma parte de mi personalidad, que resulta bastante complicada y un tanto jodida, sobre todo para mi. Porque, aunque los que me rodean, no dejen de repetirme que soy rarita, que no hay dios que me aguante, que parece que esté desequilibrada o que tengo un humor de mil demonios, lo cierto es que soy yo la que convive conmigo misma. Soy yo la que está dentro de mi y dentro de mi cerebro. Soy yo la que lidia conmigo misma desde hace casi 40 años. Y resulta agotador, a veces frustrante y, muchas veces, descorazonador.
Los peores días son esos en los que me siento y veo el tiempo pasar y me pregunto ¿pero que coño estás haciendo aquí sentada perdiendo tu vida?
Porque hay días que llego me siento en esa silla medio rota que tengo en el despacho. Una silla a la que se le ha caído un tornillo que sujeta el asiento a la pata central, y cualquier día me pego un hostión de cuello vuelto. Lleva así meses y ni me he preocupado de poner el tornillo o de hacer que aguien lo ponga. ¿Porqué? Pues porque me la pela, simplemente.
Pues hay días que me siento en esa silla y me quedo mirando la pantalla, y no hago nada. Porque me aburro. Porque el trabajo que hago me aburre. Porque no hay nada que active mi cerebro. Ya se que muchos darían palmas con las orejas si pudiesen tener un trabajo en el que no tuviesen que esforzarse demasiado. Yo necesito que activen mi cerebro, que lo pinchen, que lo estimulen, porque si no soy yo la que “lo estimula” y eso no es bueno.
Porque empiezo a hacerme preguntas. Preguntas que llevan a otras preguntas. Y me quedo clavada en esa silla medio rota, mirando una pantalla de ordenador, mientras me digo que estoy perdiendo mi tiempo en un día anodino que no conduce a ninguna parte. Y hago por moverme pero no me sale. Pienso en que tengo que hacer muchas cosas, en el trabajo que me queda durante el día y, al final no hago absolutamente nada, porque no me apetece. Porque me quedo sumida en una inoperancia absurda y absoluta. Sin sentido. Es como un pez que se muerde la cola.
Una médico amiga dice que tengo una personalidad borderline, mis “sintomas” coinciden en bastantes aspectos con una TLP (trastorno límite de la personalidad), muchas veces creo que soy algo bipolar, pero lo cierto es que yo creo que el problema es que pienso demasiado. Me he pasado toda la vida pensando y mi cerebro funciona a tantas revoluciones que si no lo tengo ocupado en algo realmente absorvente e interesante me puede y me paraliza.
A lo mejor es que soy demasiado inquieta, hiperactiva. A lo mejor es que solo necesito estímulos. Algo que me active. A lo mejor el problema es que ya nada me sorprende.
Necesito que algo me deje con la boca abierta, que me haga abrir los ojos como platos. Necesito que algo me emocione.
Necesito que algo me sorprenda porque soy una insatisfecha crónica. Y eso es imposible porque ¿como puede hacerse para soprenderse uno cada día?
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Todos los días al levantarme me sorprendo a mi mismo de ver que un día mas he abierto los ojos y que la vida sigue, más o menos monótona…pero sigue, con mi mismo trabajo( que no es poco hoy en día), conduciendo y pasando por fabricas todo el día para cargar, y así todos los días, siempre lo mismo, y cuando termino la jornada y llego a casa me vuelvo a sorprender y es de ver que he terminado el día y la vida continua, y se me queda en el pensamiento la idea de que al día siguiente quiero sorprenderme de nuevo y así hasta que mi corazón, cerebro, cuerpo…lo que sea, aguante. Tengo muy claro que esta vida es una mierda, nos tiramos toda la vida trabajando para que nos jubilen y después poder vivir, si se le puede llamar así, unos años más sin tener que “trabajar”. Este es uno de mis estímulos, cada día me sorprendo de ver que estoy aquí, un día mas, y no es que quiera que se termine, ni mucho menos, al contrario quiero que vengan muchos días y días sorprendiéndome y cuando suena el despertador darme cuenta que puedo abrir los ojos para seguir sorprendiendome otro dia mas..
Un saludo Murron.