
Huyo de los tópicos, me espantan. No es que huya, es que los rechazo abiertamente. No soporto sentirme prisionera, ya sea física o psicológicamente. Necesito como el aire disponer de la mayor de las libertades,la de poder elegir. Hace mucho que no puedo elegir , no como yo necesito. Podríamos decir que soy prisionera de mi propia vida, una vida que , lo admita o no-va a días- he elegido yo.
Con la toma de decisiones que hacemos, muchas veces no valoramos conscientemente las consecuencias para nosotros mismos.Y creemos que al no hacerlo, somos menos egoístas, como si serlo implicara estigmatizarnos automáticamente. No asumimos que , en ocasiones no queda más remedio que ser egoísta,porque las consecuencias de no serlo ,implican resultados negativos no sólo personales, sino de nuestro entorno. Un estado enrarecido puede ser fruto de una jerarquización errónea. Me refiero a esos días en los que sabes que no estás bien pero no sabes decir por qué. Suele pasar que el por qué responde a una suma de múltiples pequeñas cosas que vas acumulando, generalmente sin darte cuenta porque el tiempo que tienes para racionalizar lo que llegas a tragar se reduce a un instante.Muchos instantes se convierten luego en tiempo indefinido. Y eso es lo que transmiten tus ojos: una gran y prolongada ausencia, un nada inconcreto que te sume en la tristeza más absoluta.
¿Qué te pasa?
Nada.
Y cuando dices eso, ya has tocado fondo. Dependes de las fuerzas o la voluntad que tengas dentro para salir del infierno. Te propones entonces redefinir tu vida, reconducirla, tener el control.Y así vuelves a engañarte durante un tiempo. Porque no importa lo mucho que pretendas controlar tu vida.Ese control no depende sólo de la voluntad de control, sinó de tu capacidad de adaptación a lo que la vida te lanza en plena cara. Y ese engaño es bueno pues te saca del hoyo, sirve de trampolín, de cuerda de rescate, de luz al final del túnel.En mi caso es un engaño consciente, como una pastillita oportuna de la que echo mano en momentos de radical hundimiento. Me resulta curioso comprobar lo efectivo que resulta, aún a sabiendas de que el delicado equilibrio universal parece obligarte a visitar el abismo para reconpensarte de momentos celestiales.Parece que todo te lo tienes que ganar.Y como ya he dicho,huyo de los tópicos.
Podríamos resumirlo en que podría irme más veces al infierno, pero siempre vuelvo porque odio las multitudes.
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Hija mía, no solo coincidimos en el gusto para elegir zapatos, jajajaj. Pues si, yo soy asidua del infierno y allí me odian, ya sabes, haciendo amigos. Yo ya no recurro a la pastillina del autoengaño consentido, yo directamente llevo la farmacia en el bolso. Eso si, al igual que House, con las pastillitas duermo que te cagas, que no es poco. Y si, somos culpables de nuestras propias decisiones. En definitiva, la vida que tenemos probablemente no es la que nos merecemos pero si la que nos buscamos. Por cobardía, por un error de cálculo, por las circunstancias, porque nada es como quisieramos, porque somos “raras”, porque no nos conformamos?? que se yo. Lo que hay es lo que hay y, desgraciadamente, por nuestra forma de ser será difícil que seamos felices o que, al menos, encontremos cierta paz y equilibrio. Al menos yo empiezo a aceptarlo y es un paso. Besos guapa