Un trozo de tela

por Murron y Hope

Estos días se está debatiendo que un instituto de educación secundaria le haya prohibido a una joven musulmana acudir a las aulas con la cabeza cubierta por el hiyab (velo islámico).

El debate ha tocado todos los extremos y vertientes: desde los que apoyan la prohibición en cualquier lugar público del uso de esa prenda y similares por ser sexista y representar una forma de sometimiento de la mujer y de indefensión ante una sociedad machista, hasta los que acusan de xenófobos a los que impiden su uso por no adecuarse a las costumbres occidentales. Otros defienden la libertad de cada cual para elegir y decidir como expresar sus señas de identidad.

Sea como fuere, todos tienen parte de razón y todos demuestran su parte de intransigencia.

Lo cierto es que el tema se está utilizando de una manera partidista por los distintos grupos sociales. Los hechos son los que son:

El centro tiene unas normas de funcionamiento interno que prohíbe entrar a las aulas con la cabeza tapada, independientemente de que sean signos religiosos o meras indumentarias acordes a la moda. No se entra ni con gorra ni con pañuelos. Por lo tanto, los asistentes a ese instituto deberán regirse por las normas que marca el centro, independientemente de la religión que profese cada cual. No olvidemos que las religiones pertenecen al ámbito personal de cada uno y este reglamento es de orden público.

Si un alumno acudiese descalzo a las aulas y dijera que está haciendo penitencia, imagino le obligarían a entrar calzado.

Ahora bien, el resto de las disquisiciones no vienen al caso y me parecen del todo partidistas, por no decir, que están aprovechando un hecho anecdótico para arrimar el ascua a su sardina.

Murron

Yo soy atea. Creo firmemente que las religiones, cualquiera de ellas, son contrarias a la ciencia y a la razón. Han hecho más daño a la humanidad que el bien del que hacen apología. Lejos de propiciar el avance de las sociedades, las sume en el anacronismo y la barbarie,ya no digamos las vertientes más extremas de todas las religiones.

Dicho esto, entiendo que es un tema peliagudo porque chocan la libertad personal de cada uno con las normas establecidas consensuadamente en nuestra sociedad u organismos.

Pero la solución es simple. Si yo quiero entrar a una mezquita tengo la obligación, por respeto, de acatar sus normas aunque no sea musulmana: esto es, me cubro la cabeza y me descalzo. Pues si en un colegio no está permitido el uso del Hiyab,se tendrá que ,o bien acatar la norma o bien cambiar a otro centro donde las normas permitan el uso de esa prenda. Así de simple. No le están prohibiendo que profese su religión, le están prohibiendo que se cubra la cabeza, ya que le dan el mismo valor a un pañuelo que a una gorra, sin entrar en connotaciones religiosas.

Personalmente no entiendo que alguien se someta a preceptos tan ridículos como taparse la cabeza, pero tampoco entiendo que alguien ande descalzo o con cadenas en semana santa haciendo penitencia.

La religión musulmana es machista y sexista pero también lo son las demás religiones. Otra cosa es cómo cada creyente lleve a la práctica los preceptos que les marque su religión.

Mezclar convenientemente el hecho de que alguien quiera usar una prenda determinada con el abuso al que se ven sometidas las mujeres en los países islámicos me parece fuera de lugar. No creo que nadie esté de acuerdo con la forma en que los países islámicos someten a la mujer pero no tiene nada que ver con la decisión de esta joven que nos ocupa. Ella ha elegido voluntariamente cubrirse la cabeza.

Los que quieren que se prohíba el uso del velo islámico esgrimiendo razones tales como que no se integran en nuestra sociedad me parecen de un inculto absoluto y rozan la xenofobia.

Es lógico que los inmigrantes quieran conservar sus señas de identidad en un país que nada tiene que ver son el suyo. Que ellos quieran preservarlas enriquece nuestro acervo cultural. Otra cosa es que sus costumbres infrinjan nuestras leyes. No me imagino a los pobres españoles que emigraron a Alemania sufriendo en sus carnes la prohibición de escuchar flamenco sustituyéndolo por la polka.

El problema que aquí subyace es mucho más profundo. Primero, lo complicado que nos resulta aceptar culturas distintas a la nuestra y lo difícil que les resulta a ellos adaptarse a nuestras costumbres y legislación.Segundo, el problema del sometimiento de la mujer, ya sea forzado o voluntario, radica en años y años de una educación mamada desde la más tierna infancia. Lo que hay que buscar son los medios para que esas mujeres sepan que hay otras opciones, otras alternativas, que son individuos con los mismos derechos que los hombres; que todos somos iguales en definitiva, y paralelamente, darles los medios para poder defenderse y ejercer su derecho a vivir libremente como les plazca, tanto si es dentro de las leyes islámicas como si no. Y esto es un problema educacional, no se solventa en un día ni en un año.

Tercero, la situación social y política del país da lugar a que los diferentes grupos utilicen el descontento social para arremeter contra los inmigrantes, propiciando un caldo de cultivo para el racismo solo con intenciones partidistas de corte electoralista.

Hope

Mi infancia la viví en un centro católico. Entre las muchas normas del centro, estaba la de observar religiosamente la vestimenta compuesta por uniforme,camisa blanca, medias claras,zapato oscuro cerrado y bata.La maldita bata se me atragantaba y por ello, más de un lunes me la olvidaba en casa.Nunca coló. Recuerdo estar ante la puerta del colegio, implorando mi acceso a Sor MªAngeles y recibir un tajante no por respuesta.”Te vuelves a casa a por la bata y cuando la traigas, podrás entrar”.Y así era.No había más. Tenía diez y once años, pues a los 12 me cansé de deshacer mi camino cada lunes para nada. Eran normas de la escuela y como tales, había que seguirlas.En todo el mundo, hay colegios cuyas normas incluyen obligatoriamente el uso de un uniforme y otros que sólo tienen una serie de normas específicas de vestuario, como el llevar la cabeza y los ojos libres:nada de gorras, velos, pañuelos ni gafas fashion.Y se sigue la norma o te cambias de colegio,fin.

Ahora bien,¿estamos ante el recorte del derecho de libertad religiosa o ante la obligación ciudadana de observación de las normas? En principio parecer una pregunta peliaguda, pero es evidente que se trata de lo segundo. Si no quieres normas, búscate una isla desierta.
¿Estamos poniéndole frenos a la integración? No, nosotros no ponemos el freno, lo ponen ellos con actitudes como esta. Cuando yo voy a otro país, me cuido mucho de seguir las normas de ese país por respeto, máxime si pretendo vivir alli. Los hay muy espabilados que leen en la constitución libertad religiosa y equiparan laicismo a anarquía, bien porque una mala comprensión del vocablo , bien porque les va como anillo al dedo tergiversarlo en un ambiente de descontento político.
Como todo, depende del que mira. En diciembre de 2003, Alicia Delibes firmaba un artículo titulado El Velo,¿un desafío islamico? , a razón los múltiples problemas que en nuestro vecino país han surgido por ese asunto desde 1989.Uno de los puntos que destacan es un comentario que en su momento, ante el caso de las adolescentes del 89, hizo uno de los progenitores que no cejaba en mostrar el disgusto que le producía que unos cuantos “ayatolás del laicismo, presos de una locura histérica”, que organizaron todo aquél lío sólo por “unos pocos centímetros de tela”, mientras divulgaba su doctrina pro musulmana y anticapitalista, escribiendo artículos y haciendo declaraciones sin parar. En ese artículo se hace un anáisis de situaciones similares a lo largo de los años, aportando ejemplos de hechos reales que desgraciadamente no hacen más que aumentar la desconfianza respecto al colectivo musulmán. Y ahí sí que no podemos hablar de ignorancia,sinó de la astucia de unos pocos frente a la que sólo cabe reaccionar con miedo, mínimo con prudencia.Y es hacia ese peligroso terreno a donde nos dirige el presente debate.Recomiendo que lo leáis.
El caso que nos ocupa no es tan radical y se está utilizando el hecho como arma política de enervación social. Pero cabe preguntarse, ¿ no estará siendo también la reacción social un reflejo de la tensión acumulada ante el constante desembarco inmigrante y sus consecuencias? Para mi, sí.
Por otra parte, en este país ya hemos discutido -y lo seguiremos haciendo- sobre la presencia de cruces en las aulas.No creo que las aulas se deban utilizar como vehículo de potenciación religiosa ni política.Es decir, nuestros colegios deben ser instituciones al margen de cualquier inclinación ideológica o creencia religiosa, volcadas por completo y en exclusiva a formar a nuestros hijos como seres humanos libres e iguales. Y el velo, la cruz y símbolos parejos implican limitaciones, prohibiciones y diferencias que van contra nuestra lucha por todos aquellos valores que podrían por fin convertirnos en un país civilizado.
El uniforme, en el colegio en el que desgraciadamente pasé mi infancia, pretendía eliminar diferencias de clase social. Era una hipocresía más del colectivo católico ,que siempre era más permisivo con las niñas de mayor poder adquisitivo que con el resto;una práctica evolucionada, que antaño permitía que las ricas del colegio apedrearan a las pobres. Aún así, como en muchos casos, la idea era buena ( me refiero a la eliminación de barreras, no a las piedras).
El ex-colegio de Najwa tiene una norma no contra el velo, sinó contra cualquier elemento que tape la o parte de la cabeza.Claro que toda nuestra disertación se va al garete cuando nos encontramos que otro colegio se ha apresurado a incluir esa misma norma con el fin de evitar el ingreso de la adolescente.Qué gran criterio.

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