De idealizaciones

Embarazoso es una palabra que utilizamos para calificar una situación de incómoda.Pero desde que disfruto del estado divino del embarazo,despertó en mi un interés desmedido hasta el punto de mirármela del derecho y del revés para encontrar su real significado;he concluido que es una vocablo con malas intenciones.

Cuando la usamos sin estar o haber pasado por un embarazo, no caemos en las implicaciones. Luego, todo cambia. Confuso, molesto, desconcertante, difícil, incómodo, grave, son todos sinónimos de embarazoso. Y todos ellos son a su vez características del embarazo, ese sórdido invento natural en el que se recogen ocultos,agazapados, bajo la hermosa definición de estado de buena esperanza.De buena esperanza,psé.

Mi primer trimestre fue encantador; el estómago vuelto del revés, un volcán reposando de 0 a 24h en mi garganta, bajadas y subidas de ánimo que harían partirse de risa a la montaña rusa más escandalosa,todo encantador. Luego empecé a hincharme, como si alguien me hubiera metido un inflador por el ombligo cual globo. Durante el segundo trimestre, las cosas no fueron mucho mejor pero debo reconocer que fue bastante soportable hasta el día en que me di cuenta, en la piscina, que yo ya no tenía el control del timón.Quien me conducía por la pista con muy poco sentido de la rectitud era mi hijo,empeñado en estamparme contra las  corcheras al tiempo que intentaba ser un nuevo Michael Jakson. Hay que ver la energía del enano con los pies. Y ahora me encuentro en el tercer trimestre,sigo con el volcán, me estoy planteando recuperar el noble arte de las plañideras, he tenido que pasar por una prueba tocacojones en la que me han sangrado como a un cerdo, – que por otra parte, es a lo que más me parezco ahora mismo-, me llamo mamá-buque, duermo mal y me despierto peor, agacharme es más una ilusión que una opción real, la espalda me mata y en ocasiones se pone de acuerdo con mis pies, que me matan por partida doble y que son cada vez más parecidos a un blandiblup cruce con globo y con voluntad propia. Me he olvidado de los zapatos, de las bambas ya ni hablemos. Mis tetas están tan deprimidas como yo, ya no miran al frente;no es que antes lo hicieran mucho, pero al menos, eran más optimistas. Y él, mi peque, está empeñado en convencerme de sus capacidades para entrar en la cantera del Barça.Bien,no problemo,en cuanto lo escupa lo planto en la cantera. No voy a entrar en el tema de los cólicos intestinales, que es muy temprano y me han dado la noche. ¡Me tienen que lavar el pelo porque si no es en la ducha,en la que por cierto tengo que entrar de canto, no puedo hacerlo sóla! Y no es que sea una guarra, es que tengo una piel con ciertas características hiperdelicadas que me impiden ducharme cada día.

Luego, cuando salgo a la calle y me tropiezo- a menudo literalmente- con conocidos, el comentario es ¡¡hay,qué ilusión!!¡disfruta del embarazo que es precioso!!¡Debes estar contentísima! Los cojones. Contentísima estaré cuando salga, no te jode. Claro que quiero a mi hijo, pero al próximo/a energúmeno/a que me hable de las maravillas del estado de buena esperanza le parto la cara.

¿Por qué puñetas no somos ovíparos? Joder, yo me comprometo a incubar el huevo las horitas que haga falta. Al menos no me sentiría limitada, dependiente y paranóica.

Una cosa es que me guste cambiar los muebles de sitio en mi casa, por aquello de encontrar el mejor diseño, porque me gusta el interiorismo.Pero es que mi hijo está de mudanza contante y ahora entiendo a mi salón hasta el punto de haberle prometido que no cambiaré los muebles más. Mira tú, he desarrollado empatía con los objetos. Cuando algo se me cae al suelo, y estoy sóla, he tomado la firme determinación de limitarme a elogiar los efectos de la gravedad y observar la quietud de lo caido una vez toca el suelo, hasta envidio su pacífica inmovilidad. Pero por si me irrito hasta el punto de no soportar verlo en el suelo, he descubierto las múltiples posibilidades del uso de la pala:ahora ha subido en la jerarquía y ya no recoge sólo mierda.Ella está contenta y yo he aprendido a valorarla.

En lo que a la gente se refiere,me he dado cuenta de que todas las preñadas se miran al detalle a las otras preñadas;observan ,a menudo con descaro, comparando sin miramientos el tamaño de las barrigas. Y me he dado cuenta porque una se me quedó mirando desde la otra acera y yo no lograba localizar su objetivo visual hasta que recalé en mi obús barriguero y ella sonrió.Se me antoja como cuando de jovencitas comparábamos nuestros trapos con los ajenos, a ver quien iba más mona, quién se iba a llevar el gato al agua y lo encuentro igualmente estúpido. Comparar barrigas,manda huevos…

Por suerte, a partir del 4 de julio recupero mi independencia. Mi vida ha decidido que era el día perfecto , como un chiste cruel que no hace más que recordarme lo hijoputez que es el embarazo. Estoy loca por ver a mi hijo y tenerlo en brazos, pero la cruda realidad es que hasta el mejor de los embarazos es una putada. Por suerte, he encontrado más mujeres que como yo piensan lo mismo.Son las menos,pero ahí están.Lo que pasa es que no es políticamente correcto cargarse el proceso incubadora y se mantiene el cuento de hadas para favorecer la procreación, ¡no me jodas!

Mientras, cuando me harto de cabrearme, recuerdo a Barbra.Y me rio como una loca mientras doy gracias a ese maravilloso número de Funny girl que distorsionó con gran acierto lo de que el amor de mi chico me hace bella.

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