Quisiera ser

Tenía unos 12 o 13 años. Cada vez más a menudo me preguntaban qué quería ser de mayor. Hasta esa edad lo había tenido muy claro:cantante. Había hecho mis pinitos en publicidad, cantando  cancioncillas pegadizas, como la de Trinaranjus ( pensad en principios de los 80) y me había gustado la experiencia, pero reconozco que el hecho de que mi padre fuera el técnico de sonido era un aliciente. Por lo demás, repetir y repetir era un coñazo,( un rollo según mi vocabulario de la época). Me gustaba y me gusta mucho cantar, pero con tan corta edad era incapaz de ver las implicaciones del mundillo, implicaciones que mi padre conocía muy bien.

Luchó con ahínco para que no me centrara en ese futuro. Es un mal mundillo, pequeña cigarra, me decía. El mote me lo gané a pulso, pues lo único con lo que disfrutaba era cantando.Por lo demás era bastante vaga. Recuerdo que sentía que sólo cantando era capaz de expresarme por completo;eso unido a un carácter excesivamente meloso me reportó no pocos momentos de marginación.Mis compañeras estaban convencidas de que lo de cantar era una forma de llamar la atención y me llamaban niña mimada y tonta. Ya entonces era rara aunque no me diera cuenta. Insistí muchos años en mi empeño;con el afán de ganarme la aprobación de mi padre, me empleé a fondo con el inglés-que había empezado a estudiar con seis años-, con el único fin de entender lo que cantaba. Deduje que si era capaz de entenderlo, cantaría tan bien que mi padre no me podría negar mis sueños y lograría que me apuntara a solfeo para empezar. Entonces estaba convencida de que todos los adultos sabían inglés.Divina inocencia. Llegué a hacerlo muy bien; me tomaba muy en serio a mi misma,practicaba cada día dos o tres horas.Claro que esas dos o tres horas se las negaba a los estudios, que en aquél momento y hasta los quince años me la repateaban. Eso se pudo comprobar con las notas.Y con las notas y con mi padre por extensión, no se jugaba.

Mis padres no podían controlarme;ambos trabajaban todo el día y cuando yo volvía del colegio estaba sóla en casa. Mientras mi abuelo vivió, por las tardes me recogía del colegio y controlaba mis estudios.Pero mi abuelo murió cumplidos yo los once y mi abuela no era partidaria de mi persona;ni de mi persona ni de todo aquello que fuera inferior a la edad adulta. Vamos, que no era muy abuela. Así, desde que llegaba del colegio y hasta que mi padre- el primero que plegaba del trabajo- llegaba a casa, yo cantaba. Mirando hacia atrás, entiendo lo mal que se lo hice pasar, pero en aquél momento lo único que veía era que me ponían barreras. Decía,injustamente, que mi vida era mi cárcel. El ambiente en el que era plenamente feliz era sin duda alguna, la Radio. Mamé radio desde que estaba en la barriga de mi madre y era casi más feliz allí que en mi casa. Me encerraba en un box de la Fonoteca de Radio Barcelona, cogía 10 o 12 discos y a cantar. Mi padre siempre sabía dónde estaba, sólo había que seguir mi voz.

Tanta radio mamé, que algo más tenía que pegárseme. Luis Arribas Castro era uno de mis favoritos.Me encantaba cómo hablaba y cuando mi padre se dió cuenta de que me gustaba, se propuso muy en serio que me volcara en el lenguaje. Recuerdo con mucho cariño los mediosdías y las tardes con Luis. Él sentado al piano del estudio 2, con su whisky y un paquete de Fortuna.Yo mirando embelesada desde la puerta para acabar sentada junto a él aporreando las teclas. Y entre calada y calada, nota y nota, Don Pollo haciendo gala de su peculiar sentido del humor, que yo no entendía pero que me hacía reir a mandíbula batiente. No recuerdo las cosas de las que me habló, que fueron muchas, pero sí que poco después mi objetivo era siempre colarme en la Redacción de Radio Barcelona. Era enorme, llena de bulliciosa actividad y de humo. Nunca logré colarme, pues mi padre y sus amigos me frenaban en el último momento, pero sí rescataba de las papeleras que quedaban cerca de la puerta, fragmentos de noticias, titulares deshechados y notas. Creo que ahí empecé a enamorarme del arte de escribir y hablar con más palabras de las que conocía. Con mi obsesión por acceder a la Redacción, me quedaba siempre cerca de la puerta y fue así como conocí a políticos, contertulios, cantantes, humoristas,técnicos,directivos,empresarios , todo tipo de personajes del momento que despertaron en mi un afán por aprender que no he superado nunca.

De los cómics que leía hasta ese momento- Don Micky,Tintín,Asterix,Ya Lahas Pif Iado-,pase a Michael Ende y Tolkien. Por su culpa me empeñé en ser escritora, pasando previamente por las facetas de quiero ser periodista,relaciones públicas y locutora. Hoy sigo en mi empeño de escribir y aunque escogí el camino más jodido, cada día le doy las gracias a mi padre.

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