BUSCARLE TRES PIES AL GATO

La noche del 23 al 24 de junio, sobre las 23.25 de la noche, el público que afluía a la estación de Castelldefels Playa era multitudinario. Como es tradicional, la población acude a las playas de Castelldefels a celebrar la noche de San Juan. El apeadero de Castelldefels era un hervidero y los andenes estaban repletos de gente.

La estación fue remodelada el octubre pasado, siendo dotada de ascensores, escaleras y el paso subterraneo para acceder a la playa. No obstante, la concentración de personas a esa hora fue tal, que muchos decidieron acortar el tiempo de espera saltando por encima de las vías, cruzando las mismas.

A esa misma hora un tren de alta velocidad,un Alaris, irrumpía en la estación a 139 km/h ( por debajo de su velocidad máxima).El tren estacionado impedía la visión de la llegada del Alaris, y el ruido generado por la multitud, así como el estruendo del ambiente, fueron factores que impidieron a los imprudentes percatarse del suicidio que iban a cometer. Doce personas murieron (11 latinoamericanos y una mujer rumana) y catorce heridos que fueron repartidos por los hospitales de la zona.La estación también tiene un pasarela por encima de las vías para que los transeúntes de la zona puedan cruzar sobre la estación. Esta pasarela estaba cerrada a esa hora de la noche. Parece ser que las responsables de Renfe estimaron que, con el paso subterraneo, era suficiente para que los usuarios accediesen a las playas. Se especula con la posibilidad de que la verdadera razón de su cierre fuese evitar que los usuarios accediesen a los trenes sin pagar billete, cosa que me parece del todo razonable. El transporte público lo mantenemos todos y todos tenemos obligación de pagar por su uso.

Lo cierto es que, tras la tragedia, lo primero que se hizo fue iniciar las investigaciones pertinentes. ¿El tren iba a la velocidad adecuada?, ¿el conductor había bebido?, ¿la estación estaba lo suficientemente iluminada?, ¿había indicaciones que mostraran con total claridad como acceder a las playas?, en definitiva, se organizó un dispositivo que despejase cualquier duda sobre la responsabilidad que RENFE pudiese tener en semejante tragedia.

El Ministro de Fomento, en declaraciones, dijo que era lamentable lo que había ocurrido pero que todo apuntaba a una gran imprudencia por parte de los viajeros que habían cruzado las vías.Por otro lado, el Embajador de Ecuador hacía un   ”llamamiento a la serenidad” y advirtió que “no hay que sacar conclusiones anticipadas” sobre lo ocurrido porque “mortifica de manera innecesaria a las víctimas de la tragedia”.

Dicho esto, suscribo que estamos ante una tragedia tremenda, un hecho que debería hacer reflexionar a todos los ciudadanos sobre su comportamiento cívico.

Durante estos días no hemos dejado de escuchar quejas sobre la estrechez del paso subterraneo, sobre la falta de iluminación, sobre la falta de megafonía, sobre la falta de personal que vigilase los andenes, etc, etc, etc. El túnel mide 3,4m de ancho, como más túneles de la costa catalana; cuando estaba en obras sí se comentó que en época veraniega sería un cuello de botella dado el ingente número de viajeros que acuden a las playas de Castelldefels en los meses estivales, pero nos preguntamos si es más importante tardar 10 minutos más en llegar a la playa que perder tu vida por ahorrártelos.En cuanto a la megafonía relacionada con las advertencias de no cruzar las vías, está automatizada para emitir el mensaje a intervalos y apoyada por claras indicaciones de que está prohibido cruzar las vías.Y referente a la vigilancia, cinco minutos después de la tragedia estaba prevista la entrada de un dispositivo numeroso de guardias de seguridad.

Un vano intento de buscar culpables en el lugar opuesto a donde hay que buscarlos. No hay que buscarle tres pies al gato; es lamentable la pérdida de toda vida humana pero lo es más cuando la estupidez es la causante de tamaña tragedia.

El subterraneo es exactamente igual a la estación de la población donde yo vivo. Hay momentos ”punta” donde la gente se aglomera en escaleras y ascensores, es cierto, pero es de sentido común que no van ha construir accesos subterraneos del tamaño de un campo de futbol para que nadie tenga que esperar su turno para salir.

Aunque la estación no hubiese tenido megafonía, aunque no hubiese tenido luz, aunque no hubiese pitado el tren-que sí lo hizo-. Hay una realidad que no debemos olvidar: ESTÁ PROHIBIDO CRUZAR LAS VÍAS.

Las treinta personas que cruzaron, lo hicieron voluntariamente, de una manera absolutamente inconsciente, lo que les condujo a unas consecuencias terribles. No hay que buscar más responsables. Ellos fueron los primeros que no cumplieron las normas establecidas. Buscar culpables en otro lugar es absurdo.

Los medios insisten en las  investigaciones abiertas para depurar posibles responsabilidades. Me parece increible. Los únicos responsables fueron las treinta personas que decidieron que ellos iban a llegar antes a la playa. Esas personas que no quisieron esperar colas, porque las colas no estaban hechos para ellos. Es el mismo problema que hay en las carreteras: inconscientes que adelantan por la derecha, que van haciendo zig zag o que esperan a última hora para incorporarse a una salida.

Desgraciadamente los únicos responsables son esos seres humanos que no tienen el suficiente conocimiento para entender que las normas están establecidas para que todo el mundo las siga. Que hay normas que están para ser cumplidas y que jugarse la vida de una manera tan absurda es ridículo.Para mayor estupefacción, al día siguiente en la misma estación, sorprendieron a una mujer cruzando las vias. La multa mínima que le puede caer es de 6000 euros. Espero que así sea.

La otra víctima

En todos estos días, tan solo ayer escuché algo que realmente me ha parecido sensato. Porque, desde el día 23 por la noche, todo el mundo hablaba de las víctimas, pero nadie se acordaba de la víctima más importante: el conductor del Alaris. Yo sí me he puesto en su piel desde el primer día.Un señor que trabaja conduciendo un tren, que de buenas a primeras se encuentra con que 30 individuos  han decidido cruzar las vías porque sí. Un trabajador que se ve imposibilitado para frenar tamaña tragedia, que ve como el tren choca con los cuerpos destrozándolos, que escucha el impacto, que jamás olvidará el ruido de los cuerpos al ser desmembrados, ni la angustia, ni la sensación de impotencia.

Ese conductor, probablemente, tendrá que seguir terapia psicológica durante mucho tiempo. Ha tenido que ser sometido a pruebas de alcoholemia, a preguntas, en fin, juzgado. El sí ha sido la verdadera víctima de esta historia. En España se registran alrededor de tres incidentes ferroviarios al mes. En 2009 fueron un total de 37, de acuerdo con los datos del Ministerio de Fomento, y la comunidad autónoma más afectada, con ocho casos, fue Cataluña. El 90 por ciento de los conductores de trenes en activo en España han sufrido un incidente similar al de la noche de San Juan. «Se pueden predecir todas las circunstancias menos la actuación humana», explica Manuel Rodríguez Fernández, coordinador de normativa de Renfe en el sindicato de maquinistas Semaf. Rodríguez asegura haber pasado también por la traumática situación de no poder frenar el convoy frente a una persona.«La inmensa mayoría perdemos la sonrisa, es horrible ver a una persona en las vías y saber que no vas a poder frenar, que te lo vas a llevar por delante», dice. Imaginemos el dantesto escenario que sufrió el conductor del Aladis.

Conociendo al género humano, no descarto que los familiares de los fallecidos todavía demanden a RENFE por daños y perjuicios. Sí, ya lo sé: qué políticamente incorrecto es esto que acabo de decir, pero tiempo al tiempo.Eso si, yo me pregunto: ¿quien va a indemnizar a este conductor por el infierno en el que han convertido su vida?

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