¿En cuántas ocasiones la sorpresa de una muerte inesperada nos hace recapacitar sobre lo que pudo haber sido y no fue? Yo no he tenido que esperar al final del último acto para pensar sobre ello, no sé si debido a mi estado o a la edad o a la repetición innecesaria de la situación en los últimos años.
Pudo ser una familia unida, una en la que los miembros herederos compartieran las lágrimas por el dolor de las pérdidas por conocerse tanto y tan bien; una familia en que esos mismos herederos hubieran estado el día que cada uno empezó a trabajar,el día que se casó,el día en que nacieron sus hijos.Los recuerdos de las batallitas en pañales y los pañales de sus propios herederos;pudo ser una reunión al mes, la llamada telefónica de la semana, para comprobar lo bien o mal que nos iba a todos, por ser una piña de piñones independientes que se unían de vez en cuando para no perder el hilo de los acontecimientos más recientes.¿Cómo te va el trabajo?¿Qué tal te encuentras?¿Has visto el último capítulo de Lost? ¿Qué tal le fue a tu hija en la excursión?¿Cuando miramos las fotos del verano pasado?¿Vendréis a comer el domingo a casa o nos vamos a un restaurante? ¿Necesitas que te eche una mano con la mudanza? Mil cosas. Pero no ha sido así hasta ahora.
En cambio, la pregunta más repetida es ¿es ese mi primo/a? Cómo ha cambiado! Pues no va a cambiar! Hace veinte años que no os veíais. Tristeza. Y lo ves ahí, en un tanatorio, en su momento más triste, más bajo,ante una pérdida tan fundamental, la que más marca, la que más hunde; sin saber qué decirle, qué palabras son las adecuadas, cuáles necesita escuchar, cuáles le harán sentir que tú no decidiste que las cosas fueran así.Que las decisiones y conflictos de otros os distanciaron hasta convertiros en desconocidos sólo unidos por la genética y en algunos casos por un cariño instintivo que sientes nacer de las tripas. Te encuentras con el dolor de la pérdida como algo mucho más complejo, porque lloras la pérdida de lo pudo haber sido y no fue, que lo sientes pero querrías sentirlo más, pero eres consciente en esos momentos que el roce y el cariño son más familia entre sí que tu familia contigo, y ese es un motivo más para llorar.
Ayer, un primo mio decía “que siempre nos tengamos que encontrar en este sitio…” y su hermana exclamó,”calla,coño, que el mes que viene nos veremos en uno feliz”.Se refería a mi, por supuesto.La llegada de mi hijo al mundo será la primera excepción en años.¿Podría ser un punto de inflexión?Cuánta responsabilidad para un ser tan pequeño.Preferiría que el punto de inflexión fuera el que ahora nos carga los ojos de pena por otra separación, que sirviera de algo el dolor que implica una pérdida , que esas lágrimas abonaran un futuro distinto para los herederos de una historia familiar llena de malentendidos,cruce de acusaciones y silencios pasados. Que la sombra de tales despropósitos fuera de lo que realmente nos despedimos hoy.Ese sería el mejor tributo a los que ya no están y la mejor herencia para los que nos seguirán.
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Aissssssssss, amiga… Yo creo que en todos los entierros te haces esa pregunta.
Lugar de encuentros y desencuentros.
Una vez, oí a un cura coherente (juro que existió!!!) que decía en un funeral que si celebrabamos bautizos, comuniones y bodas, lo normal también era celebrar un entierro.
Y pensando, te das cuenta que si, que efectivamente es un lugar en el que te vuelves a ver con gente a la que habías perdido la pista.
Lo jodido es que en ese momento uno siempre piensa: tengo que continuar con este contacto. Pero luego, rara vez se hace.
Y ya me contarás, pero mucho me temo que no, que ni el nacimiento de tu hijo hará que según qué cosas cambien…
Un achuchón, guapa!
Ay guapa. Siento ser tan negativa como siempre. Bueno, realista. Desde luego lo tuyo y lo mío es de expediente X. Como te he dicho ayer estuve viendo un video que me ha regalado mi hermana, con un montón de fotos familiares. Y si, la sensación de tristeza profunda fue la misma que la tuya. Siento decirte que un nacimiento no será un punto de inflexión. En mi familia, no es que haya habido un nacimiento, ha habido 10 y dentro de nada llegará el 11. Y seguimos igual. Lo que fue una piña ahora es pasto de los siencios, los malentendidos, el rencór, la desidia, el olvido y que se yo cuantas cosas más. No nos apeamos del burro porque, con la vejez, todos creemos tener razón y nos volvemos menos olvidadizos y perdonamos menos. Ayer me di una panzada a llorar enorme porque vi pasar ante mis hojos la vida de tres generaciones enteras y una cuarta que acaba de comenzar, como quien dice. Y me di cuante de que, haciendo balance, el resumen de la vida de las tres primeras ha sido tremendamente doloroso, pérdidas, acontecimientos muy dolorosos, infancias terribles… Momentos también muy felicies que no hacen otra cosa que provocar más tristeza al comprender que nunca se repetirán. Espero que esta cuarta generación, de la que mi hija forma parte, sea mejor que las tres primeras, y que sean capaces de superar nuestras miserias y mirar al futuro con una visión más amplia y menos emputecida. Hija mía, si, lo nuestro es para escribir una novela y de las gordas. Besos guapa
Entiendo el mal momento por el que estas pasando y si de algo te puede servir sepas que aquí tienes todo mi apoyo. Creo que en un post no muy lejano te comente que por aquí se dice que la familia” de la porta per a dins” para la madrileña” de la puerta para adentro”, y cada día que pasa estoy más convencido de que es así por muy mal que me sepa el verlo día a día. Está claro que el lugar en donde mas cuenta te puedes dar de lo aislada que puede llegar a estar una familia es en un funeral, porque es el único momento en que sin quedar con nadie acude todo el mundo o casi todo el mundo, es verdad que en ese momento te das cuenta de los años que han pasado y no ves a ese primo, tío, tía o prima, y es que la familia es muy complicada, como dice Murron, los malentendidos, el rencor, la desidia, el olvido, la dejadez, y una gran base de egoísmo, a veces hace que la familia quede solo en eso en la familia pero como nombre no como vinculo, y es que si no hay roce no hay cariño, y el tiempo le quita el cariño a cualquiera sin ese roce, lo lamentable es que para ver a gente que hace años que no los ves o no sabes nada de ellos tiene que pasar una desgracia, y en ese instante todos son familiares, hasta que termina el acto, una vez finalizada la “actuación” cada cual vuelve a su redil y lo que horas antes eran recuerdos y alguna sonrisa se vuelven a convertir en olvido, dejadez e incluso vuelve el egoísmo a ser la frontera que separa es familia que horas antes era una piña, se vuelve a quedar sin piñones.
Un beso Patri.