Los que hemos sido, y somos, amantes del cine antes que padres, sabemos el sacrificio que conlleva la mater/paternidad. Uno pasa de ver cine de autor o películas de corte serio/violento/erótico, etc, a ver películas Disney de dibujos animados. Empezamos a descubrir Pixar y dibujos de todo corte y tendencia. Mi relación con Bob Esponja ha degenerado en un amor/odio que ni yo misma acierto a comprender.
Los primeros años uno renuncia a ir al cine. Ese lugar sacrosanto donde una cocacola y unas palomitas, mientras visionas una obra maestra, se transforman en un Vega Sicilia y un solomillo de buey al punto. Cuando vuelves a pisar una sala te das cuenta de que has de hacerlo para tragarte algún film tipo Alvin y las Ardillas (señor, que jartura) o Kika Superbruja (infumable).
Un buen día te sorprendes y descubres UP. Y te descubres llorando cual magdalena en los primeros 5 minutos de metraje. Pero claro, UP es una obra maestra. Una película impecable.
Tan recomendable como El Rey León, cuya banda sonora no deja indiferente a nadie, o Hermano Oso, que veo muy a menudo sin que me resulte tediosa.
Pero, dejando a parte la animación, he de recomendar una película que me ha gustado. Si, me ha gustado. Una película infantil pero que entretiene. Nanny Mcphee y el Big Ban.
Sorprende encontrar a actores consagrados como Emma Thomson, Ralph Fiennes, Maggie Gyllenhaal, Maggie Smith. Ewan McGregor o Rhys Ifans, entre otros.
Una película que lanza mensajes reconfortantes a nuestros “enanos”. Lejos de las luchas, peleas, batallas y patadas de kárate, en esta película encontramos que la disciplina es algo saludable, que el respeto y el cariño son necesarios, que la confianza y el respeto, así como el apoyo y la ayuda de otros es imprescindible para seguir adelante. Una película que ensalza la valentía, la confianza en uno mismo, la amistad y la lucha por lo que uno cree. Todo ello aderezado con humor, imágenes increíbles, fantasía a raudales y unos efectos especiales logradísimos.
Una película realmente encantadora para disfrutar con esos pequeños demonios que no nos dejan ni un minuto libre.
Y, todo hay que decirlo, con una escena impagable que hizo me rindiese a sus pies. Por favor, que nadie se pierda la escena de los cerdos. Hizo las delicias de esta que aquí escribe.
Por fin pude comprobar que, efectivamente, los cerdos vuelan.
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