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Julio, 2010
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Somos los de siempre con menos tiempo

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ANDO DESENREDANDO UNA MADEJA

Escrito por Murron El 22 - Abril - 2010  7 Comentarios

Hace unos días recibí un mensaje de un viejo amigo. Hace más de 10 años que no lo veo, y me preguntaba si seguía teníendo la misma risa fácil. Bueno, no sabría muy bien decir que es una risa fácil. Tal vez espontanea. Lo cierto es que, haciendo memoria, es cierto que solía reirme mucho. Lo hacía habitualmente. También es verdad que, con 17 o 18 años, uno es más risueño.  Creo que sigo teniendo la misma risa aunque me río de cosas diferentes. Quizás…, no, sin el quizás. Mi humor se ha vuelto más negro, más sarcástico, pero sigo teniendo la misma risa marca de la casa. Esto es, me tiran mis genes paternos. Me río igual que mi padre, que mi hermano, que mi primo Gabi, que mi abuela Conce, que mi hija. Nos reimos sonoramente, con la boca muy abierta y hacemos muchos ruido. Nos reimos con todo el cuerpo.

Ultimamente me río menos, es verdad. También es verdad que tengo menos motivos. Supongo que la vida es complicada. A lo mejor es la crisis de los 40, que me llegan muy en breve. A lo mejor es que ando preguntandome ¿quien me robó el mes de abril?, ¿como pudo sucederme esto a mi?.  A lo mejor no es la crisis. Tal vez, simplemente sea que, desde hace mucho tiempo tengo una historia muy grande escondida en mi interior. Hay una historia densa, larga y tremendamente embrollada. Es como una madeja de lana tupida y líada.  

Una historia que se ha estado macerando durante estos 40 años y aun no ha encontrado el momento justo para salir. Presiento que está llegando el momento. En mi me mente se dibujan frases, conversaciones, parrafadas, y cada vez son más nítidas, con mayor consistencia. Supongo que se acerca el momento de que esa historia vea la luz, de que salga. ¡Telarañas para afuera¡

Saldrá a su ritmo, como tenga que salir. Tendré que ir tirando del cabo de esa madeja para irla desenredando. Y en cada desenredo se irá desmadejando y tejiendo esa historia que es la mía. Esa historia que intento comprender a base de juntar retazos de lo que oí, de lo que viví, de lo que me contaron y de lo que he ido intuyendo. Porque la mitad de las cosas que habitan en esa historia son silencios y vacios que nadie ha sabido llenar. De historias que nadie me ha contado porque era mejor callarlas o guardarlas de la luz.

Y para aceptar esta historia, que es la mía, he de verla cara a cara, de frente. Y solo se hará real cuando la vea escrita. Porque esa es mi forma de enfrentarme a las cosas. Escribiendolas. Porque no se me da bien hablar con los demás, ni contarles mis pensamientos. Solo soy capaz de sacarlo todo fuera si lo escribo. Solo se me hace tangible si lo veo escrito en un papel.

Me llevará tiempo, porque no es fácil sacar a la luz algo que ha llevado a oscuras toda una vida. Lo haré cuando toque. A trompicones, a borbotones, tal y como soy yo. Una montaña rusa de picos y valles, que sube y que baja. Que es de la misma forma que escribo, solo cuando me estalla algo tan fuerte en el pecho y en el estómago que si no lo saco fuera me revienta.

Escribiré ese puto libro, porque me dará para un libro, y cuando  esté terminado será el momento en el que pueda decir que me he puesto frente a la verdad y que la he aceptado. Que la he superado y asimilado. Ese día podré decir aquello de que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Y, supongo que, ese día podré seguir hacia adelante riendome como lo he hecho siempre, con la marca de la casa.

PD: Y el día que escriba toda esa historia, supongo que Hope será la primera en leerla, porque ella será lo suficientemente sincera para decirme lo que piensa y lo que le parece. Siempre es sincera y me dice las cosas tal y como son por mucho que me jodan. Y yo se lo agradezco. Y, mira, lo mismo hasta me dan el Planeta, jajajaj

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¿Y qué título le pongo yo a esto?

Escrito por Murron El 29 - Marzo - 2010  Comentar

Un laberinto….La cuestión es por dónde empezar. Ultimamente me cuesta comenzarlo todo. Hasta escribir me cuesta. Tanto que llevo horas delante de esta pantalla sin saber por donde hacerlo. Supongo que es difícil empezar algo cuando uno no sabe ni donde se encuentra.  Que si, que es lo habitual en mi, andar perdida en mitad de ninguna parte, pero esa “ninguna parte” siempre tenía límites definidos  que yo sabía situar más o menos bien.

Ahora no hay  límites delimitados. Ahora todo es una vasta extensión de “nada” que no se muy bien ni donde empieza ni donde termina. Es infinita y amorfa. Y es muy difícil enfrentar algo que no tiene ni tamaño ni forma.

Y en medio de esa “nada” estoy yo. Un cuerpo pequeño, delimitado y definido. Y, a pesar de ser tan pequeño, encierra un entramado tan complicado  y tan grande que, a veces, yo misma me sorprendo de que quepa todo eso en ese amasijo de carne y huesos que soy.

Un entramado compuesto  por un montón de dudas, un centenar de preguntas que jamás podrán contestarme   y que me están matando por dentro, por un sentimiento de culpabilidad que no me corresponde porque no debería sentirme culpable, una sensación continua y perpetua de no estar en el lugar que debiese, un no saber jamás que lugar es ese en el que debiera estar.

Un entramado que encierra un corazón que se niega a sentir porque ya está cansado de hacerlo. Un corazón que se rebela y quiere sentir de nuevo pero al que el cerebro le da ordenes precisas de no hacerlo. Un cansancio  que impide cualquier conato de reacción.

Un entramado que añora el calor de una piel junto a otra piel solo por el hecho de sentirla -ese calor….- pero que se niega a tener contacto porque es preferible la ausencia conocida y ya asumida, la costumbre, que la añoranza de una piel ajena. Que un nuevo fracaso.

Un entramado que encierra mil y un gritos amordazados, un sinfin de silencios que atronan, una soledad infranqueable, una multitud que me sobra, que me estorba, que me empequeñece, me aplasta, me asfixia.

Un entramado que encierra un agotamiento extremo, una tristeza inmensa, un aburrimiento de todo, una falta de sueños atroz, una carencia absoluta de proyectos, de fines, de caminos. Que encierra un sin fin de ausencias. Sobre todo ausencias.

Y, aunque parezca increible, la ausencia es lo que más espacio ocupa cualquier cuerpo u objeto. La ausencia, aunque parezca algo intangible, es la cosa más compacta que existe en el universo. Porque la ausencia es capaz de ocuparlo todo, de expandirse, de envolver todo lo que  encuentra a su paso hasta apoderarse de ello. La ausencia no tiene límites ni forma definida y nada puede detenerla. La ausencia es capaz de llenarlo absolutamente todo.

Eso soy yo. Un cuerpo pequeño, delimitado y definido que encierra un enorme entramado de ausencias en mitad de una nada en ninguna parte.

pd: Y con toda esta puta ausencia dentro de mi yo sigo acordándome de lo tibia que es tu boca.

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NO TE FOLLARÍA NI A ESTILO CEBOLLA

Escrito por Murron El 3 - Marzo - 2010  Comentar

Algunas veces uno tiene que contar hasta diez. Cuentas hasta diez y te dices a ti mismo que, respirando más profundo, serás capaz de controlar tus nervios, tu furia y tu lengua.

Yo ayer tuve que contar hasta quince, hasta veinte, hasta treinta. Y, mientras lo hacía, procuraba respirar profundo para calmar mi mala hostia, a la par que sonreía intentando que mi rostro y mi cuerpo reflejasen la calma y placidez que, ni de lejos, sentía en mi interior.

Y es que siempre me ha crispado los nervios tratar con soplapollas pero si, además de soplapollas, estás ante un mermado, en este caso mermada cerebral, pelota, lameculos y trepa, entonces apaga y vamonos. 

Juro que ni yo misma sé como pude aguantar tres horas seguidas junto a semejante engendro.

De sobra es conocido por los que pasais por aquí mi aversión hacia la gente en general y algunos gilipollas  en particular. Asi que, la perspectiva de pasar media mañana con semejante lerda pegada a mi chepa ya era, de por si, un trago difícil de digerir.

Admiro a la gente ambiciosa, siempre y cuando sea una ambición bien entendida. Siempre me ha alucinado esa capacidad que tienen algunas personas para visualizar meta y seguir el plan que se han marcado para conseguir sus fines. Ese tesón, esa tenacidad para llegar al final de un plan elaborado milimétricamente.

 Yo soy incapaz. Veo en el horizonte todo lo que quiero, pero hay tantas cosas en mitad de ese largo camino que acabo distrayendome con la primera mosca que pasa. El  caso es que el quiz de la cuestión radica en los tiempos que uno se marca para alcanzar ciertas metas. A lo largo de mi vida me he topado con gente ambiciosa y he aprendido que el grado de hijoputismo está directamente relacionado con el tiempo que uno emplea en alcanzar dichas metas. Esto es, a menor tiempo empleado en la consecución de sus “proyectos”, mayor grado de hijoputez.

Luego está el tipo de ambiciones. Si recordamos que las mías son que me toque una primitiva para tocarme el higo el resto de mis días, comprarme una casa de piedra con chimenea frente a la que tumbarme en pelota picada las frías noches de invierno, que dicha casa esté en el norte de España en mitad de ninguna parte, rodeada de cabras, dedicarme a escribir y parir hijos, darme un buen revolcón con Mel Gibson y retirme a vivir a Irlanda, pues cualquiera pensaría que lo mío no es ambición. Lo mío es un delirium tremens mezclado con gilipollez aguda. Oiga, pero son mis ambiciones.

Luego están los otros “ambiciosos”, los que quieren poder.  He llegado a pensar seriamente que éstos, los que llegan a la consecución de sus planes con esa precisión y rapidez, tienen interconectadas las neuronas causantes de tamaña ambición con la punta la polla, bueno, o la polla entera, porque se les pone tiesa cada vez que dejan patente su superioridad ante otros mortales.

Desgraciadamente me he topado con individuos así a lo largo de mi vida. Gentuza sin escrúpulos  la mayor parte de las veces. Niñatos capaces de pisar, defenestrar, humillar y destruir a todo aquel que le supone una piedra en su perfecto camino hacia “la fama”.

Además todos tienen un denominador común: su absoluta capacidad para despreciar a los seres humanos que les rodean, chusma a la que sacudirse sin mirar atrás. Capaces de sacrificar su vida personal y familiar (si es que la tienen) para poder estar en la cima desde la que mirarte por encima del hombro. Son una estirpe aparte. Gentuza sin clase ni iducación. Depredadores capaces de llegar muy alto tan deprisa que, a la fuerza, los peldaños de sus ascensión son las cabezas que van decapitando a su paso. Eso si, su reinado dura lo que tarda en llegar arriba uno más hijoputa que ellos.

Y luego están sus acólitos. Esos de los que se rodean. Vasallos. Esos que les rinden pleitesía mientras van dejando un reguero de babas detrás de sus pasos. Y si no puedo con unos, menos puedo con estos. Sobre todo si son “vasallas” porque éstas, además de las babas, van perdiendo las bragas y otras secreciones que no voy a nombrar.

Pues eso, que ayer me tocó lidiar con una de esas “vasallas”. Una mindundi que en dos años se la ha debido de chupar tanto al otro interfecto que debe tener pelado el cielo del paladar. Una individua que empezó siendo una currita más y ahora se pasea dando “lecciones” mientras saca su portátil de una funda de diseño de Vitorio y Luchino. 

Y mientras esta individua se dedicaba a explicarme las “pautas” y política de la empresa ante “nuestros nuevos retos” mi mente no dejaba de maquinar despiadadas y sangrientas formas de torturar a semejante estúpida.

Lo más irritante era su tonito de voz, medio susurrante. No soporta a esa gente que habla tan bajito, con cierta afectación. Con ese tonito de pija madrileña que me pone los pelos como escarpias. Y no me gusta que me hablen así porque me recuerdan a las serpientes cuando silban, bisbisean. Yo tengo un tono de voz alto y fuerte y soy muy clarita. Tengo un tono franco y miro a los ojos cuando hablo y si me tengo que cagar en dios me cago. A mi tanta pollada y tanta finura me pone de los nervios, sobre todo, cuando atisbo tanta falsedad escondida y tanto desvio de miradas. No me fío de quien evita que le miren.

El caso es que, mientras esta tía intentaba “metermela” (figuradamente), yo no dejaba de pensar y de hablar para mi misma. No dejaba de decirla (en mis pensamientos claro) “pero mira que eres gilipollas”, “pero mira que eres fea”, “joder, te habran disparado el sueldo pero vistes peor que mi abuela”, “pareces una puta monja”, “joder y que pelo de rata que me llevas”, todo esto mientras me esforzaba en mantener esa sonrisa falsa y estirada en mi cara.

Lo peor llegó cuando me fijé en sus dientes. Dios¡¡¡ Aquello fue superior a mis fuerzas. La parte de abajo estaban montados y entre ellos tenía una especie de pasta blanca. Como si hubiese estado comiendo turrón del duro y el caramelo blanco se le hubiese quedado pegado a las encías. Mientras ella me hablaba yo no dejada de mirarle los dientes intentando comprender que coño era aquella cosa, hasta que, finalmente, deduje que aquello era sarro.  La otra opción era más escatológica y tenía que ver con las mamadas que le debe hacer al “todopoderoso”.

Evidentemente mientras pensaba en esto tuve que hacer serios esfuerzos para no descojonarme de la risa. Me pasa a veces. Mi cerebro empieza a funcionar y me descojono viva de mis propias gilipolleces.  

En fin, que esta tortura duró tres largas horas. Mientras ella iba destapando su personalidad más ruín (porque las sonrisitas y el tono bajo acabaron por dejar entreveer lo más rastrero de la individua), a la par que seguía hablando de las maravillas de su jefe (al que se la chupa) y el mío (al que no se la chuparía ni por todo el oro del Perú), yo seguía con e stos y otros pensamientos similares. 

Finalmente se marchó con una sonrisa, no sin antes recordarme que ya enviarían informe de la auditoría que me habían hecho, y recordandome que volvería en breve para seguir dandome por culo. Eso si, cuando hubose marchado la lerda en cuestión no pude por menos que decir, y bien alto, “NO TE FOLLARÍA NI A ESTILO CEBOLLA, SO FEA”.

Todavía me estoy descojonando.

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VUELVE “EL HOMBRE”

Escrito por Murron El 2 - Marzo - 2010  5 Comentarios


Ya se que esto no le interesa a nadie. Es más, de las tres personas que me van a leer, una se va a cagar en mis muertos y va a llamarte de todo menos guapa. Pero me da igual. Patri, me la sopla.

El viernes fui al cine. Por fin, después de casi 5 años. Bueno, había ido unas cuantas veces este último año pero no cuentan demasiado. Con la llegada de un hijo vienen muchas cosas buenas pero has de renunciar a otras. Y yo había renunciado a uno de los mayores placeres de mi vida. EL cine.

Y cuando digo “el cine” no me refiero a ver una peli en el salón de tu casa. Ya me pueden decir que es mucho más cómodo, que te puedes poner la cena, que te puedes tirar en el sillón. Me da igual. Para mi no hay nada comparable a esos nervios previos. Al placer de comprar las entradas, el oler las palomitas, el entrar en la sala. Esas mariposas en el estómago cuando llegas y te sientas y tienes esa enorme pantalla blanca delante de tus narices. 

Entonces se apagan las luces y…. comienzan los anuncios de otras pelis. Los trailers. ¡Que maravilla¡. Si, porque a mi me gusta llegar con 10 minutos de adelanto. Sentarme, repanchingarme, regodearme, disfrutar de ese pequeño momento antes de que empiece la película. Es como un ritual. ¡Que coño¡ Es mi ritual. Y me encanta. Me chifla ver los trailers.

Había ido unas cuantas veces, pero a ver películas de dibujos. La de Up he de reconocer que me encantó. El resto, bueno. No es lo mismo.

Pero esta vez he ido para ver una peli para mi. Si, señor. Fui a ver AL LIMITE.  Y el primer día del estreno. Como antaño.

Lo reconozco. NO es una obra maestra, ni siquiera una gran película. Se deja ver, es entretenida, y termina mal. Como a mi me gustan. Pero termina mal. Y eso no es lo mejor. Lo mejor es que, por fin, había nueva película de él. EL HOMBRE. De Mel. Y quien no me conozca pensará que estoy gilipollas. Bueno, quien me conoce, además de gilipollas piensa que estoy como un puto cencerro. Me da igual. ERA Mel. Lo demás sobra.

Me encanta ese actor. Me chifla. Supongo que es incomprensible pero a mi me hace muy feliz ver una película suya. Disfruto como una enana. Lloro, me río, me emociono. En fin.

Me joroba que la peli no sea una “gran peli”, porque lo cierto es que él puede dar mucho más de sí. En realidad es un gran actor lo que ocurre es que debe ser vago como su puta madre. A mi no me importa.

Lo único que sé es que durante dos horas fui la persona más feliz del mundo. Estaba en el lugar que más me gusta de esta tierra, una sala de cine. Estaba viendo una peli de estreno y encima de EL HOMBRE POR EXCELENCIA, y eso no se paga con dinero. Para lo demás, ya se sabe, MASTERCARD. 

PD: Lo siento Patri. Es superior a mi. Me iba ahora mismo a verla otra vez.

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EL ALMA EN UN CLICK

Escrito por Murron El 18 - Febrero - 2010  5 Comentarios

Hope me ha pedido una fotografía reciente. No ha sido la única. Otro amigo, Pacopaquete, me ha solicitado que le envíe una. Dice que para comprobar si sigo tan lozana y luciendo piernas como hacía en la facultad. Va a ser que no. He colgado las minifaldas y me he pegado a un chandal perpetuo. Estos fríos invernales hacen que te vuelvas práctica y te cubras lo más posible para no morirte congelada. Que yo se que las piernas lucen bonitas pero…ya se me pasó  la edad de hacer el canelo para llamar la atención.

Ahora repito siempre el mismo mantra: prefiero que me quieran y me miren por mi cerebro, no por mis piernas.

Si, ya lo se. Lo pienso realmente y, además, es que ya no tengo piernas como para lucirlas. Me he hecho mayor. Bueno, a lo que iba. Me han pedido una foto y no he encontrado una que me satisfaga. Una en la que yo me vea a mi misma. Hope dice que en las fotos no soy no. Que no ve en ellas lo que realmente soy y eso me ha hecho pensar.

Es cierto. A menudo intento hacerme fotos a mi misma. Si. Lo hago porque no consigo que nadie me haga una foto como dios manda. También puede ser que no me guste lo que refleja la cámara. Osea, la verdad pura y dura. No se. A lo mejor es que la gente que me hace las fotos no me ve como realmente soy.

El caso, sea como fuere, es que no consigo que ninguna foto me refleje. En todas sale una persona que no tiene nada que ver conmigo. Tan solo me veo bien y me hacen gracias las fotos en las que hago de otra cosa. Es decir, me disfrazo o estoy haciendo alguna cosa poco habitual en mi.

No es la primera vez que disparo la cámara una y otra vez intentando retratarme pero siempre consigo el mismo resultado: esa persona que sale reflejada no soy yo. Demasiado seria, demasiado blanca, demasiado pensativa, demasiado forzada, demasiado risueña… no consigo reconocerme en ninguna de ellas.

He encontrado un puñado de fotos en las que si consigo reconocerme, pero son fotos de hace un millón de años. Se las he envíado a Hope esperando que entre una de ellas consiga encontrar esa que ella dice refleja totalmente mi yo verdadero, mi yo interior, mi alma. Si lo consigue ya no servirá de nada porque aquella “yo” se volatilizó hace muchísimo tiempo.

Pensando, pensando, he llegado a la conclusión de que, tal vez, no consigan retratarme tal y como soy porque ya no soy. Porque ando perdida y mi cuerpo se mueve sin que haya un ente real dentro que lo conforme.

A lo mejor no soy más que un cuerpo con vida pero sin nada sustancial en su interior. A lo mejor mi yo ha decidido abandonarme y largarse a vivir otra vida sin mi porque ya no me aguanta. A lo mejor es que yo soy una cárcel insoportable para mi “yo”. A lo mejor ya no soporta mi cara.

Lo cierto es que veo a una extraña en cada una de esas fotos que intentan sacarme y en las que me veo fatal. Bueno, no me veo. Yo sigo intentandolo pero no hay manera. Ni rastro de mi alma en ellas.

Hay algunas tribus que no consienten que les hagan fotos. Están seguros de que ese demonio técnico les roba el alma en cada instantanea. A lo mejor a mi me ha pasado eso. Que de tanto hacerme fotos, en cada una de ellas, se me ha ido perdiendo un cachito de alma.

Yo, por si las moscas, guardo celosamente todas mis fotos y todos sus negativos, por si, buscando, buscando, encuentro en alguno de ellos, escondido en alguna esquinita, a mi verdadero yo, que me esquiva y me rehuye de mala manera.  

Pd: Hope. Ya me dirás si alguna de esas fotos antiguas consigue satisfacer tus deseos.

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VIA MARUJA TORRES

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Somos los de siempre con menos tiempo.Fuimos siete, para pasar a ser seis y acabar siendo cinco.Luego seguimos siendo cinco, pero dos eran nuevos y ahora somos cuatro, o más bien tres con una que viene y va. Seguimos cagándola a conciencia y acertando de vez en cuando.Hemos decidido que es mejor creer eso y sorprendernos por los elogios que creer lo contrario y flipar con los desprecios.

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