UN PELDAÑO MÁS
Hace cuarenta años yo apenas tenía 15 días de vida. Por aquel entonces conseguir la píldora era prácticamente imposible hasta para una mujer casada. La sociedad del momento, el régimen en el poder y la Iglesia, demonizaba, por no decir, “lapidaba” a aquella pareja que osara preguntar a su médico si sería factible poder acceder a la susodicha pastillita.
Hace treinta años yo tenía diez. Si una mujer quería abortar tenía que marcharse a Londres o a Amsterdan para poder hacerlo. Coger un avión y marcharse a un país extranjero donde, la gran mayoría, no podía ni comunicarse ya que solo sabían hablar español. La gran mayoría de esas mujeres no habían salido en su vida de España, por no decir de su provincia. Se veían solas en un país extraño ante la situación más terrible de su vida. C0mo delincuentes. Cuanta soledad y dolor surcando los cielos camino de un quirófano para hacer algo que, probablemente, no deseaban.
Hoy, afortunadamente, hemos superado todo eso. Hoy las mujeres somos más libres, somos más nuestras. Hoy podemos decidir y ser más nosotras mismas.
No creo que haya que cantar victoria. Aún queda un gran camino por recorrer pero éste ha sido un gran paso. La nueva ley del aborto elimina un poco más esa criminalización a la que se ven sometidas muchas mujeres por el hecho de elegir no ser madres.
He oído a mucha gente decir que el hecho de abortar para muchas mujeres es un acto de frivolidad. Que van a abortar como quien va a la peluquería. Yo jamás me he visto en esa tesitura pero estoy segura de que ninguna mujer llega a ese extremo con ese estado liviano y despreocupado. No creo que ninguna mujer tome esa decisión sin sentir un gran dolor y un tremendo pesar y preocupación. Si alguna lo ha hecho no soy quien para criticarla pero entiendo que ha sido por falta de conocimiento o de madurez.
Yo una vez me vi en esa tesitura, aunque por un motivo diametralmente opuesto. Yo me vi sola entrando a un quirófano, con aquella bata como única prenda cubriendo mi cuerpo, con un gorrito verde que a mi me pesaba como si fuese esa corona de espinas que llevaba, supuestamente, cristo el día que lo crucificaron. Con aquella especie de zapatillas de papel envolviendo mis pies. Todo tan aséptico. Aquellos médicos todos tan fríos. Centrados en sus cosas, escuchando música, y tratandome como si fuese una de las cien mil que habían pasado por allí anteriormente.
Aún recuerdo el pánico que sentí. Aquella frialdad y aquella soledad, en aquella camilla, mientras me ponían la anestesia y yo me creía que me estaba dando un ataque al corazón cuando se me agarrotó el brazo izquierdo. Absurdo. Eso debió de pensar el médico cuando se lo dije. Ni me contestó o yo no lo recuerdo. Era la anestesia. Después me quedé dormida.
Yo no entré para abortar. Yo fuí a todo lo contrario. Me sometí a una inseminación in vitro. ¡Que ironía¡ Yo fuí para crear una vida y estoy segura de que pasé tanto miedo y tanto pánico, me sentí tan insignificante y desprotegida, como todas esas mujeres que deciden abortar.
Yo adoro ser madre y no hay otra cosa que más desee en el mundo que volver a serlo aunque tenga que pasar por ese trance quinientas veces más.
Pero respeto a las que no quieren serlo. Estoy de acuerdo con esa nueva ley que regula el aborto. Y no. No creo que para ellas sea un paso fácil. Estoy segura de que no.
Eso si, el aborto debería ser el último recurso y para ello debemos fomentar y luchar por una mejor información, por una educación sexual de calidad en las aulas. Por una difusión sana de la información, porque es un derecho el poder acceder a ella. Espero que así sea para que ninguna mujer tenga que pasar por ese trance tan doloroso.
Y para todos aquellos que siguen en contra y luchando contra esta ley y la libertad de las mujeres para elegir, solo puedo decirles:
La maternidad es un derecho, no una obligación.
PD: Solo una cosa más. A ver si en una de estas las invitro las paga la Seguridad Social y no tenemos que recurrir a las clínicas privadas. Que ser madre no dependa de la cantidad de dinero que ganes.
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En un ambiente social cercano a la catástrofe donde la ética y la moral son los nuevos sinónimos de reliquia y puritanismo, me sorprende que nos centremos en una subtrama cuando el problema de fondo ha alcanzado y ahace tiempo la plena madurez. Me refiero a la modificación de la ley del aborto, y , por lo visto y leído,a su más discutida novedad:la reserva en exclusiva del derecho a abortar en manos de las adolescentes de 16 años.




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