ME HE CANSADO DE CLAMAR EN EL DESIERTO
Cuando importa más lo que nos cuentan que lo que realmente sabemos, Cuando cuentan más las mentiras que nuestra intuición, cuando pesa más lo que nos venden empaquetado para regalo que la sencillez y sobriedad de lo objetivo, de lo real, de lo obvio… algo falla.
Cuando en televisión se nos muestran imágenes de desgracias, devastación, pobreza, hambre, muerte y desesperación, de atrocidad, sin pudor ninguno, sin censura, apelando a ese sentir primigenio de solidaridad, de supervivencia y apoyo a los de nuestra especie y, al momento se nos describe con todo lujo de detalles, profusión, elocuencia y alegría, como la pequeña Ciccone (hija de Madonna) tiene una paga de 8000 euros que gasta felizmente en cosméticos de lujo, sin crítica alguna, sin ningún comentario que afee un comportamiento tan frívolo (por decir algo suave), es que algo no funciona.
Cuando alguien habla de Simón Bolivar en mitad de una conversación y el resto de los interlocutores mira con desconcierto, sorpresa, y gesto de alucine, al que nombra a ”semejante desconocido” pero se lanzan como fieras depredadoras a comentar las últimas noticias de cierta señora, ex de un torero, que pasea cirugia, tetas recauchutadas y vástaga “comete el pollo” por la caja tonta, respondiendo al únisono todos con el nombre de la interfecta, a la par de una biografía completa de tan insigne “personaje”… es que algo no funciona.
Cuando millones de niños mueren en el mundo a causa del hambre, las guerras, las torturas, la explotación laboral y sexual, por falta de dinero, por falta de ayudas, y lo vemos diariamente en televisión, y una individua presume de gastarse 2000 euros en un billete de avión bussinnes class para su perro, contrata los servicios de un chef de reputada fama para cocinarle deliciosos platos al can, y gastarse una millonada en la milla de oro italiana en vestidos de diseñadores prohibitivos, y esto sale en la prensa, como una noticia de interés general, sin que el reportero haga una crítica abierta, sin que nadie diga lo que realmente tenga que decir y esta señora pasee por el mundo su sonrisa perfilada de dibujo animado… es que algo va muy mal.
Cuando famosos y famosillos paseen por la alfombra roja, lazo en pecho, sin pudor, vergüenza ni decoro alguno, para mostrar su solidaridad con los habitantes de Haiti y lo hagan luciendo modelos de lujo, vestidos vintage de diseñadores prohibitivos, para, posteriormente, degustar platos exquisitos de un coste equivalente a la comida de 1000 haitianos, y se queden tan anchos… es que algo no funciona.
Cuando haya gente que muestre su descontento e indignación porque intentan rebajarles un sueldo de 350.000 euros al año mientras hay personas que trabajan por 700 euros al mes, y, a los primeros, no se les caiga la cara de vergüenza…. es que algo va mal.
Cuando la iglesia sigue teniendo sus máximos seguidores y acólitos entre los paises con mayor pobreza, incultura, analfabetismo y desestabalidad en detrimento de los seguidores de paises desarrollados y, aun y así, se les sigue dando un lugar entre los interlocutores más importantes del primer mundo, cuando se les sigue permitiendo hacer uso de su poder, aun sabiendo que todo lo que promulgan y pretenden va en contra del pensamiento lógico, racional, solidario, democrático, tolerante y humanitario… es que algo va mal.
Cuando asumimos que la mitad de lo que cobramos ha de cobrarse “en negro”, porque todo el mundo defrauda, cuando asumimos ciertos “usos y costumbres” ilegales como algo “normal”, cuando tragamos con que nos chuleen, y nadie hace nada…. es que algo va mal.
Cuando vamos a hacer una donación a una cuenta abierta para damnificados de una catástrofe natural y el Banco nos dice que tenemos que pagar comisión por hacer dicha donación a gente que se muere de hambre, de frío, de desesperación y eso se consiente sin que ningún organismo gubernamental lo prohiba, permitiendo que esas entidades sigan enriqueciendose a costa del sufrimiento de los demás … es que algo va mal.
Cuando lo “políticamente correcto” es callarse, mirar para otro lado, no entrar en temas peliagudos que los “usos y buenas costumbres” recomiendan no tocar en reuniones y comidas, cuando lo establecido es que no se hable de política, religión, economía, moral, sexo y solo se nos permita hablar de futbol, mierda o Belén Esteban… es que algo va mal.
Cuando te dicen que es mejor que “no te signifiques”, que no está bien visto. Cuando te dicen que procures no tocar “ciertos temas” ni hablar de dichos temas con personas que no pìensan igual que tu, sino que, además, piensan todo lo contrario, cuando la gente se resigna a callar, a no alzar la voz, a dejar de tener un pensamiento propio… es que algo va mal.
Cuando, por alzar la voz y pensar distinto, por hacer valer tus principios, por mostrarte beligerante y contumaz con tus ideas, cuando enseñas los dientes y las uñas para defender lo que crees justo y sacas la fiera que llevas dentro para luchar contra todo lo que sabes a ciencia cierta es inmoral e imperdonable y todos te señalan con el dedo y miran hacia otro lado…. es que algo va mal.
No puedo evitarlo. Me dicen que me iría mucho mejor si no me enfrentase a la gente de un modo tan visceral, si no asumiese como propias las desgracias de otros, las injusticias que cometen sobre otros, la problemática de otros que, incluso están a 2000 km de distancia. Me dicen que no debería mostrarme tan radical, que debería moderar mis posturas….asi vamos mal.
No puedo cambiar, y cada vez es peor. Cada vez soy más visceral, más radical, más beligerante, más batalladora, más inconformista. Se que lo “normal”, lo habitual en estos casos, cuando ya no se puede hacer nada, cuando la realidad te supera y te das cuenta de que las cosas son como son y no van a cambiar, es mirar hacia otro lado, vivir tu vida, y procurar llevar una existencia medianamente agradable, disfrutando de las comodidades, más o menos burguesas, que te permite la realidad. Pero yo no puedo, no puedo callarme ni mirar hacia otro lado. No puedo con la realidad que me golpea un derechazo en la cara cada día, no puedo con la pobreza, con las injusticias, con el hambre, con las torturas, con el latrocinio, con la chulería, con la intolerancia, con la iglesia… no puedo… no puedo… no puedo… y me doy cuenta de que apenas hay gente como yo. Que el resto del mundo mira hacia otro lado y creen que yo soy “el problema”, que así no se puede ir por la vida, que las cosas son como son.
No puedo cambiar y todo “este mirar hacia otro lado” y este asumir que “las cosas son así y no van a cambiar” me matan poco a poco, porque no puedo evitar hacer mías todas las injusticias, porque no puedo evitar hacer míos todos los sufrimientos que veo, porque no puedo evitar indignarme y empiezo a creer que de verdad estoy sola, que es cierto que no congenio con nadie porque apenas conozco a nadie que sea como yo, que piense como yo (Salvo Patri, que haría yo sin ti y tus parrafadas contundentes¡¡¡). No me extraña que no me apee esta depresión de encima, esta sensación de desarraigo y de tristeza que llevo siempre. No me extraña que siempre esté amargada y malhumorada, no me extraña que cada vez rehuya más el contacto con otros seres humanos.
Y luego me preguntan porque coño no socializo?? Joder, es que todo va mal y solo yo parezco ser consciente de ello. Y ya no puedo, no puedo con tanta tristeza, tanta desilusión y tanta decepción sobre mis hombros.
En verdad, todo va mal, muy mal, de puto culo diría yo… y debo de ser un huevo de rara….
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