Algunas veces uno tiene que contar hasta diez. Cuentas hasta diez y te dices a ti mismo que, respirando más profundo, serás capaz de controlar tus nervios, tu furia y tu lengua. Yo ayer tuve que contar hasta quince, hasta veinte, hasta treinta. Y, mientras lo hacía, procuraba respirar profundo para calmar mi mala hostia, a ...