Sobrevivir
Me gustarÃa dejar aquà mi impronta. Un relato magnÃfico. Uno de esos que te deja sin aliento y casi clavado a la silla. De esos que hacen que el tiempo se pare y parezca que estás en una nube. Un relato de esos que son como un puñetazo en el estómago. Pero no lo es. Lo cierto es que hace siglos que no escribo algo de verdad. Es imposible. Llevo dos meses en los que no se que es parar. Dos meses en los que me he sumergido en una vorágine laboral de la que es imposible escapar.
De pronto el trabajo se ha triplicado. El tiempo se ha acelerado. Apenas me quedan breves minutos para hacer algo que me guste, para hacer algo que me relaje, para respirar. Desde antes de navidad esto es una locura. Trabajo, trabajo y más trabajo.
Ya no hay tiempo para desayunos, no hay tiempo para descansar, no hay tiempo para relajarse, no hay tiempo para llamar a los amigos. Ni siquiera a mi madre.
Me paso el dia entre programas informáticos, pedidos, albaranes, facturas, sótanos, informes, presupuestos, llamadas de teléfono con problemas que solucionar. Todo un maremagnum de cosas que me aburren, que me agobian, que no me gustan una mierda y que me roban la poca capacidad de creación que pueda aparecer como un destello en la corteza de mi cerebro.
Echo de menos mis relatos, echo de menos leer los relatos de la gente. Echo de menos escribir, quejarme, contar cosas, leer lo que otros cuentan, intercambiar opiniones, sensaciones, sentimientos…Echo de menos mi pequeña parcela. Esa en la que me alejaba por un breve espacio de tiempo de toda esta mediocridad que me abruma y que me debilita cada dÃa. Toda esta mediocridad que me vuelve como los demás. Me transforma en un pequeño ser gris y aburrido.
Cada dÃa intento robarle un poquito de tiempo a la jornada para poder escribir o leer, para poder escaparme del mundo real y volar a mi mundo imaginario, pero es inútil. Cuando estoy a punto de hacerlo aparece algún albarán cabrón, alguna rotura en una cañerÃa, algún pedido que no aparece o alguien que ha de ser despedido o contratado. Aparece la misma mierda que me impide soñar un poquito y elevarme por encima hasta no tocar el suelo ni siquiera con las puntas de mis pies. Elevarme para que pueda tocar las nubes con la punta de mis dedos.
No se cuanto durará esto pero me tiene agotada. Me quedo dormida en el sillón nada más aposento el culo. Tengo tal agotamiento que apenas si puedo pensar. Del trabajo a casa, de casa a la cama, de la cama al trabajo. Es como una cárcel, como un agujero negro que va absorviendome cada dÃa un poquito más.
Yo intento resistirme, que remedio. Y cada dÃa invento algo, me busco alguna artimaña para no perder terreno frente a la desidÃa y lo baldÃo de la mediocridad del dÃa a dÃa. Asi que ya sea disfrazandome de árbol de navidad u organizando una gala navideña voy poniendole la zancadilla a ese mundo gris que intenta engullirme de un solo bocado.
El otro dÃa me sorprendà a mi misma organizando un Festival de Primavera. AsÃ, de la nada. En menos de 10 minutos ya habÃa lÃado a 5 compañeras y las habÃa puesto manos a la obra. Ya tengo pensada la decoración del centro de trabajo y tengo mi mesa llena de claveles y flores hechas de papel Maché y papel de seda. No se como surgió todo y como pudo tomar forma en tan poco tiempo.
Algunas compañeras me dicen que estoy como un cencerro y me preguntan que de donde saco el tiempo, las ganas y, sobre todo , la imaginación para montar esas historias de patio de colegio. El caso es que lo tengo todo en mi cabeza y ya me veo rodeada de mariposas, flores y pajarillos enredados en un sin fin de lianas de papel de colores, pintadas de témpera y envueltas en papel celofán. Me dicen que soy una tÃa rara, que soy peculiar y que, a pesar de mis rarezas y de lo poco “predecible y encajable” que soy como persona y como profesional luego resulta que tengo unos resultados impresionantes. Digamos que hago mi trabajo de cojones, doy más beneficios y resultados que la tÃpica trabajadora responsable y de perfil deseado por la empresa, pero disto mucho de ser la trabajadora con el perfil requerido. Para ser francos, soy un puto grano en el culo pero como mis resultados son mejor que buenos me soportan e ignoran mis rarezas.
Monto cosas raras, monto espectáculos, monto actuaciones, escenarios, decorados. Me lÃo la manta a la cabeza y doy la vuelta al centro solo por cambiarle la imagen y la cara, pero, en el fondo, lo hago por mi. Es una forma de luchar contra toda la mierda que hago y que no me gusta. Es una manera de huir de ese trabajo mediocre para el que no estoy hecha pero que no tengo más remedio que hacer para poder comer.
LÃo todas esas locuras por un solo y único motivo: para sobrevivir.
Eso si, como me quede bien va a parecer que trabajo en un vergel de papel maché con un montón de floripondios de colores. Estoy deseando ver como queda mi despacho.
