REQUIEM CANTIM PACE
Treinta y nueve. AsÃ, sin más. Sin anestesia. Como una losa. No, como una losa no. Como treinta y nueve losas. De esas que ponen sobre los mausoleos. Esas que no hay un dios que las levante. Sin previo aviso. Bueno, en realidad si avisan pero uno no se da ni cuenta. No, hasta que no los tienes encima.
Y si. Son como losas y pesan. Pesan y te cubren como cubren esas losas las fosas de sus muertos. Dejándote a oscuras y con una sensación de opresión en el pecho que empieza a hacerte sentir verdadero pánico.
Debe ser la crisis de los cuarenta solo que me ha llegado antes. Quizás porque los treinta y nueve empiezan a parecerse a los sesenta.
A los treinta y nueve te da por pensar en todo. Te da por analizar tu vida, si es que no la has analizado lo suficiente. Si, si la has analizado solo que, con treinta y nueve, el cerebro se ralentiza y te da tiempo a pensar en todo con más calma y más detalle. Te entretienes en recordar y acabas por acordarte de lo que pensabas cuando cumpliste veinte años.
Y recuerdas que con veinte años ya habÃas planificado e imaginado tu vida a los treinta y nueve e, inevitablemente, comparas y haces cuentas y las cuentas no te salen.
Yo me imaginaba la vida de otra manera. Es más, no concebÃa mi vida de otra forma. A la edad que tengo ahora me veÃa con la mitad de mis proyectos más que cumplidos. Me veÃa trabajando en un lugar donde poder dar rienda suelta a mi creatividad y mi lengua. Bueno, mi lengua sigue siendo afilada, más si cabe, pero mi creatividad se reduce a organizar pequeñas actuaciones y trabajar en mi huerto. Yo querÃa escribir, querÃa ser reportera y visitar lugares remotos para denunciar injusticias sociales. Me salió rana.
Me veÃa feliz, con pareja, con un par de hijos ya crÃados. Va a ser que no. Tardé demasiado en ser madre, única cosa, la maternidad, que ha resultado ser mejor, infinitamente más gratificante de lo que imaginé. Del segundo hijo/a aún no se nada pero tengo un reloj en mi cerebro que me acucia y me quita el sueño y el descanso porque no deja de recordarme que cada vez queda menos tiempo y se que la maternidad es una de esas cosas a las que no puedo permitirme renunciar. Eso me matarÃa. ¿Como renunciar a vivir otra vez el momento más feliz de mi vida?
Desde luego no me imaginaba pagando una hipoteca con mi edad. Ya deberÃa estar más que pagada. Me veÃa viviendo en una casita baja, rodeada de verde, de árboles y un jardÃn. Con un salón con chimenea y un porche donde colocar una buena mecedora de madera de olivo, donde sentarme a pensar y descansar. Si, lo se. De lo peliculero que suena da asco, pero yo tenÃa veinte años.
Lo que no imaginaba es que estarÃa pagando la hipoteca de una casa que cada vez me gusta menos y no tengo una razón en concreto para que no me guste. Es más una sensación.
No es ni grande ni pequeña, tampoco es que sea fea pero siempre parece estar cubierta de polvo. No importa el tiempo que emplee en limpiarla. Irremediablemente, al rato de haberlo hecho el polvo vuelve a ocupar todos los espacios. Un polvo denso. Como si llevase allà semanas. Me pone de los nervios.
Todo está desordenado siempre. No importa las horas que emplee en colocarlo todo. Nunca hay espacio suficiciente para poder colocar mis cosas. Siempre tengo más trastos que guardar que espacio donde colocarlos. Más ropa que armarios, más libros que estanterÃas, más cd,s que cajones, más papeles que carpetas, más fotos que albumnes…
Pierdo las llaves. Siempre pierdo las llaves. Al principio parecÃan hechos aislados, luego pensé que esas pérdidas eran el producto de mi despiste, de mi constante estado de enajenación perpetuo (siempre estoy pensando en mil cosas y mis actos no se corresponden con mis pensamientos. Cuerpo y mente toman caminos distintos).
Ahora empiezo a creer que hay algo más detrás de tanto “olvido involuntario”.
He empezado a darle vueltas a la teorÃa de que mi subconsciente me juega malas pasadas y me hace “perder” las llaves para que no pueda entrar o salir de esta casa -según donde me halle-.
Y entrecomillo la palabra perder porque la mayorÃa de las veces lo hago dentro de casa. Es como si las introdujese en un agujero negro y nunca más vuelvo a saber de ellas.
Y el desorden… ese desorden que lo envuelve todo y que no importa cuantas horas dedique a subsanarlo. Me he convencido de que da igual porque, en el fondo, no tiene remedio. Ese desorden exterior no es más que el desorden que impera dentro de mi y mi subconsciente se empeña en hacer lo contrario de lo que yo pretendo hacer. Como el caso del tipo ese en House en el que su mano izquierda se empeñaba en hacer lo contrario de su mano derecha porque una parte de su cerebro no aceptaba lo que imponÃa la otra mitad.
Mi casa es el fiel reflejo de lo que son mis 39 años. Ni más ni menos.
Y no he viajado. A esta edad pensaba que ya habrÃa recorrido la mitad de los paises que deseo recorrer. Que ya habrÃa visto todos esos lugares que no quiero dejar de ver porque la vida es corta y no tengo intención de morirme sin verlo todo. Porque yo no creo en dios ni en nada, ni en otras vidas y lo que no disfrute en esta se habrá perdido irremediablemente.
Y creà que ya habrÃa recorrido esa tierra esmeralda y habrÃa encontrado “ese lugar” que se existe y que está esperándome. Ese lugar donde mi cuerpo y mi mente no andarÃan cada uno por un lado, sino que irÃan a la par y yo no me sentirÃa como si 39 losas de piedra me hubiesen caÃdo encima para sepultarme en una fosa negra y produnda de la que, ni siquiera, tengo ganas de salir.


Ni que decir tiene que te entiendo mejor de lo que crées;lo más dramático es que te entiendo con tres años de antelación.Lo que pasa es que mi mente ha decidido que como los números nunca han sido su fuerte mejor acosarme cuando veo mi imagen reflejada en el espejo.Es entonces cuando todo se desmorona: mi aspecto no casa con mi edad y mi edad se lleva a matar con mis proyectos de antaño por lo que se centra en los de reserva.
Será por eso que sólo hay dos espejos en mi casa y porque ya estaban ahÃ.Por mi no habrÃa ninguno.
Susi!
Seguramente, jamás te hubieras imaginado ver un comentario mÃo en tu blog después de todo el tiempo que hace que dejé la resi para dedicarme a aquello para lo que ambos nacimos: el periodismo (puro y duro, jeje).
Madre mÃa, cuánto me acuerdo de aquellos buenos ratos por la resi en que yo no paraba de moverme, por los pasillos, por abajo, por las salas… y aquellos geniales momentos de las comidas en que nos morÃamos de risa contando las anécdotas de nuestros fines de semana locos… jajaja.
Pues bien, no me preguntes cómo ni por qué pero he parado en este, tu blog. Y he de decirte que me ha enganchado tu comentario de los 39 años. Sin duda alguna, es muy tu, muy de tu estilo y totalmente acorde con tu personalidad. He sonreÃdo, he pensado, he dramatizado tu propia historia al tiempo que la imaginaba contigo dentro, me he emocionado (tu hija es un primor y un auténtico regalazo del Cielo -de ese en el cuál tú no crees y yo sà =), me he imaginado todos y cada uno de los detalles que contabas… y ha sido genial. Gracias por compartirlo y por hacerme volver a recordar aquellos maravillosos 9 meses que pasé contigo, ¡en el super equipo técnico!, y que me trae tantos y tan gratos momentos.
Un besote grande y no dejes de escribir… ya sabes que sólo la libertad nos hace realmente libres.
CuÃdate,
Carlitos.
P.D.: Espero que sigas en tu lÃnea, con tus jerseys interminables hasta las rodillas (el piolin era genial), tus vestidos de gala un martes cualquiera, tu amor platónico hacia Mel con sus fotos en tu despacho, tu predilección por Irlanda (de hija y de paÃs) y, sobre todo y ante todo: continúes detestando el potage (eso serÃa buena señal… jajajajaja =)
CuÃdate!
“Treinta y nueve losas de piedra…” ¡Hala, ¿escribe ahora culebrones o ha acabado con las reservas de tinto de verano del DÃa?!… Cuando yo llegue a los 39, si algún dÃa llego, no me pondré tan borde como usted. No creo que llegue porque consumo todo tipo de drogas y además tomo cocacola Zero para desayunar. Me gusta más el otro post. Vale, me apunto a que me de usted por culo, pero en un sentido literal ¿eh?, fisicamente. Usted encima de mà en la cama, sintiendo su montecito de venus en mis firmes nalgas de veinteañero testosterónico. Y entonces me deja que me de la vuelta y… Pues eso.
Beso a usted los pies y más arriba…
Bueno seguro que muchas cosas que no esperabas hacer sà las has hecho y han sido maravillosas.
No todo es siempre negro, todo depende del cristal con que lo miremos. Cumplimos años, es inevitable, nos hacemos viejos poco a poco y vemos como lo que habÃamos deseado siempre cada vez se queda más lejos. Supongo que es porque creamos demasiadas expectativas con todo, nos empeñamos en vivir más en el futuro que en el presente y eso, siempre, acaba por salir mal.
Ãnimo y a disfrutar que la vida es muy corta y siempre hay cosas buenas.
Lo que deseamos cada vez parece encontrarse mas lejos.. aunque siempre hay nuevas cosas para mantenernos atentos y anhelar o soñar…
Éxitos